Isaías conoce a Gabriel
Durante las vacaciones de verano, antes de comenzar la Universidad, en un curso vacacional de ajedrez, Isaías, conoce a Gabriel, un chico promedio algo misterioso, de piel pálida, y cabello negro azabache, bastante callado, pero extrañamente gentil. Al conocerlo un poco más le pareció una persona agradable. Un día Gabriel invito a Isaías a su casa, para conocer un poco más sobre él. Una casa promedio de familia promedio, con una enorme biblioteca repleta de libros. Sus padres estaban de viaje por las vacaciones, y el prefirió quedarse, pues disfrutaba más de la soledad. Durante un partido de ping pon, entre risas y bromas, repentinamente Gabriel centro su atención en la vieja radio:”..Otro suicidio ha ocurrido en la ciudad..”. Gabriel le explico su atracción por los misterios y que le gusta hacer investigaciones en su tiempo libre, como un detective. Claro, es una afición típica para chicos de esa edad.
I El caso de los suicidas
Gabriel le explica a su amigo, su fascinación por
una reciente oleada de suicidios ocurridos en su ciudad. Isaías no logra
entender esta fascinación, es más, no había notado el asunto de los suicidios
hasta ese día. Gabriel explica que durante el final del año 1999 muchas sectas
religiosas, y grupos fanáticos, pensaban que el mundo acabaría antes que
empezara el nuevo año, nuevo siglo, nuevo milenio. Debido a esta ansiedad
colectiva, mucha gente se dejo llevar y saco lo perverso de sus corazones, asesinatos
múltiples, masacres y por supuesto, suicidios masivos. Otro caso similar
ocurrió el 6 de junio del 2006, mucha gente también pensó que el mundo
terminaría pues la fecha era 06-06-06, y debido a la sicosfera creada, muchos
cometieron horrendos crímenes, masacres, y suicidios masivos, y finalmente, al
llegar el 2012, debido a las supersticiones, y confundidos por el calendario maya,
se decía que el mundo acabaría el 12 de diciembre del 2012, y por supuesto, no
fue así, sin embargo, ocurrió lo mismo que las veces pasadas. Pues ahora se
alzaba nuevamente esta cifra de suicidios pero esta vez había algo diferente,
no había rumores del fin del mundo, y se limitaba nuestra ciudad y algunas
regiones vecinas. Esto indicaba que no eran simples suicidios, algo más grande
estaba detrás de todo esto, algo oscuro, algo que captaba la atención de
Gabriel. Durante las clases de ajedrez vacacionales, Gabriel parecía un poco
distraído, Isaías le preguntaba en que estaba pensando, si era una chica, o un
chico, o era un asunto familiar. Gabriel siempre fue muy reservado, pero le
explico su análisis sobre el caso, como uno de asesinatos múltiples y el por qué
esto llamaba tanto su atención, y para calmar esta ansiedad debía verlo, debía
saberlo, debía entenderlo.
II La escena del crimen.
Un alboroto en una casa cercana a la de Isaías
llamo su atención, Gabriel estaba con él, así que ambos detuvieron su juego en
PC y salieron a ver de qué se trataba. Había ocurrido un nuevo suicidio, en una
casa cercana, era una chica muy bonita y muy alegre, y muy bien vestida, al
parecer iba a salir la noche anterior a un evento social, se arreglo muy bien
pero no salió, solo se encerró en su cuarto, y amaneció muerta. Estaban algunos
vecinos en el lugar junto con algunos familiares que vivían con ella, y todos
estaban tristes y consternados por lo que había pasado. Isaías no encontraba
que palabras decirles, no sabía que expresarle a alguien que acaba de perder
una hija, pero Gabriel, prácticamente los ignoro a todos, miraba maravillado a
la chica muerta, miraba su cuarto, su peinadora, cada detalle, cada libro, y
por supuesto a la chica. Sin acercarse mucho a ella, no dejaba de mirarla, caminaba
para tener otro ángulo y observar cada detalle posible en la chica. Luego llego
la policía y una ambulancia se llevo a la chica, y mientras la policía
comenzaba a interrogar a los presentes, Gabriel e Isaías regresamos a su casa
antes que los interrogaran también. Al llegar volvieron al cuarto de Isaías, y
aun sin palabras y con manos temblorosas este miro a Gabriel quien sonreía
mientras preguntaba: “¿lo viste? ¿Lo
entiendes?”. Debido al shock Isaías no pudo pronunciar palabra alguna, mas
aun así, Gabriel continuo: “No son
suicidios! Lo sabia!”. Isaías replico: “qué
carajo!? Acabamos de ver a mi vecina muerta! Era una chica muy alegre y ahora está
muerta! Se quito la vida! Como puede eso emocionarte tanto!?”. Pero Gabriel
insistía: “no! No lo entiendes? Tu lo has
dicho! Era una chica muy alegre, mira como vestía! También era muy hermosa por
lo que pude ver, y más aun estaba muy bien arreglada. Si te vas a matar no te
preocupas por esas cosas, solo lo haces y ya.. Esto es diferente, nada indica
que realmente quería suicidarse, mas aun viste su cuarto? Todo estaba ordenado,
tenia libros al lado de su cama, su ropa estaba recién lavada y todo su cuarto
estaba limpio. Solo eché una mirada, pero nadie que piense en suicidarse
lavaría su ropa o limpiaría su cuarto. ¿Para qué? si no lo usara más? No tiene
sentido, por lo que esto, no fue un suicidio, o al menos no planificado, y si
lo conectamos con los ya ocurridos en la región, podría ser, que lo que sea que
ocasione todo esto, es algo que las víctimas, incluyendo a la chica, tenían en
común! Solo hay que investigar un poco a las víctimas a ver que tenían ellas en
común! Es magnífico! estoy cada vez más cerca. Y ocurrió cerca de aquí! es casi
como una señal.” cara de alegría que tenia Gabriel ese día quedo grabada en
la mente de Isaías, y el contraste con los lamentos de los familiares de la
chica muerta.
III El Polideportivo
Días más tarde, durante el curso de
ajedrez, Isaías decidió ir a comprar un par de zapatos deportivos. Gabriel no
había ido más a las clases de ajedrez. No le había escrito mas a Isaías, y por
supuesto, Isaías no quería verlo más. Le pareció enfermiza su obsesión con los
suicidios y su falta de empatía el día de la muerte de la chica. Esa noche
Isaías recibió un mensaje de Gabriel: “mañana
iré a hacer algo de ejercicio, quieres acompañarme?”. Isaías comenzó
alterarse: “Se entero que compre un par
de zapatos deportivos? Cómo? Me está espiando? O solo coincidencia? Y por qué
me escribió solo para decirme eso? Ni siquiera “hola”, o “discúlpame por actuar
como un sicópata aquel día”, que Carajos?”. Isaías intento ser cortante en
su respuesta, pero Gabriel pareció no notarlo: “te veré ahí entonces ;)”. En su ciudad hay un lugar parecido a un
estadio llamado el Polideportivo. Es un lugar muy concurrido por personas de
todas las edades, donde solo se va a caminar. La mayor fluencia de personas es
de 4pm a 8pm. Normalmente a las 5pm hay un montón de personas caminando y
trotando en la pista de ese lugar. Es un buen sitio para caminar, pensar,
distraerse, y ver chicas en leggins. Al encontrarse Isaías con Gabriel no hubo más
que un enorme silencio. Isaías no sabía que decirle, y no tenía ganas de
hablarle tampoco, Gabriel simplemente no es del tipo conversador, y además
parecía algo distraído. A la media hora Isaías pregunto en tono
sarcástico:”tiempo sin verte, cómo va la investigación?”. Gabriel con su
sonrisa gentil: “excelente, estoy
bastante cerca, encontré muchos patrones en común entre las víctimas pero lo
único realmente sobresaliente es que todas venían a aquí :D”. Isaías se enojo
en gran manera pues, había creído que solo venían a trotar un poco. Pero
disimulo su enojo y pregunto ásperamente: “entonces
para eso vinimos? Para que pudieras continuar tu investigación?”. “Tú eres mi amigo, no me siento tan solo si
vienes conmigo”, expreso Gabriel sonriendo gentilmente, “y ya he venido días atrás, para cerciorarme
que no había riesgo alguno antes de traerte conmigo”. Isaías se mostro
escéptico ante esta repentina preocupación que mostraba Gabriel por él. Luego
de largos e incómodos silencios, caminando en círculos, por minutos al igual
que muchas personas en ese lugar, Gabriel indica seriamente: “lo que sea que haya hecho que las victimas
cometieran esos suicidios, está aquí, lo que sea que les haya pasado, lo que
sea que les haya ocurrido, fue aquí, solo que no logro dar con ello”. Isaías
irónicamente: “tal vez sea algún
observador silencioso, que acecha sus víctimas, las sigue y luego las obliga a
suicidarse”. Gabriel miro a Isaías sorprendido: “estaba pensando justamente lo mismo”. Tal vez es la primera vez
que Gabriel mostraba esa mirada de sorpresa. En las gradas había algunos
observadores, pero ninguno lucia fuera de lo común, y entre las personas que
trotaban y caminaban, no había alguna característica resaltante. Isaías y Gabriel fueron cada día
luego de las clases de ajedrez a ese lugar. Otro caso de suicidio fue mencionado
en la radio, esta vez un hombre, fue encontrado en su cuarto de baño. Según los
diarios, llego de ejercitarse la noche anterior, se iba a duchar, y lo hallaron
muerto al día siguiente. Posteriormente, se encontraban trotando Isaías y
Gabriel como ya era de costumbre para ellos, de repente Gabriel decidió parar e
ir a sentarse un momento en las gradas. Isaías continúo dando sus ya rutinarias
15 vueltas de 500 metros en una hora y luego se fue a sentar junto a Gabriel. ”Te cansaste bastante rápido hoy” dijo Isaías.
Gabriel respondió súbitamente mirando a los corredores, dejando a Isaías
perplejo, confundido y muy intrigado con esas palabras: “tiene que ser ella”.
IV Jugando al Detective
La mente de Isaías se nublo de preguntas
sin responder “Que? Encontró al asesino? Cómo?
Cuando? ¿Que Que?”. Isaías escéptico: “deja
de bromear, como lo vas a encontrar tan rápido? Basado en qué?”. Gabriel
miro a Isaías como si fuera muy obvio, pero en lugar de explicar su profundo
razonamiento, le dijo: “vamos a seguirla”.
Isaías, aterrado por la idea de convertirse repentinamente en un acosador,
cuestiono insistentemente a Gabriel pero este le daba poca importancia en ese
momento. Por alguna razón Isaías no podía dejar de seguir a Gabriel. Mientras
Gabriel trataba de entender la mente del criminal, sus motivos y la manera que
utiliza para matar, Isaías intenta entender qué carajo pasa por la mente de
Gabriel? por qué es tan temerario? Por qué está tan seguro? Siguieron a esa
misteriosa chica, desde una distancia prudente, que entro a un mercado a
comprar algo de tomar. Entraron Isaías y Gabriel también. No debería ser
alarmante para la chica, pues muchos corredores tomaban ese camino para
regresar a sus casas. Luego de eso continuaron siguiendo a la chica un largo
camino hasta que entro a una casa a 6 calles del polideportivo. Gabriel
afirmaba: “no vive tan lejos”. Isaías
aterrado replicaba: “que dices? Ni
siquiera sé donde estamos. Ya sabes donde vive, como querías ¿no? ya deberíamos
volver”. Gabriel haciendo caso omiso a su amigo, no desviaba la mirada de
la casa de la chica mientras se acercaban cada vez más. Isaías intentaba
convencer a Gabriel de regresar, pero no tuvo éxito alguno, más bien Gabriel
parecía cada vez más interesado en la chica. Finalmente llegados a la casa de
la chica, Isaías pregunta en tono sarcástico: “y ahora que harás, vas a tocar y preguntarle “¿oye tu, eres la
causante de las muertes de los suicidas?”, y aun si lo fuera no creo que te lo
confiese a ti, tal vez sea capaz de matarnos, aunque dudo mucho que sea la
asesina. Más bien podría demandarnos por acosadores, por seguirla hasta su
casa”. Gabriel parado frente a la puerta y sin desviar la mirada: “no huele a café?”. Isaías se enojo
nuevamente: “qué? Me estas escuchando?
Que carajos te pasa? Sabes qué? hasta aquí llegue yo. Me voy! No me involucrare
en lo que se que estés a punto de hacer. Estas solo en esto amigo”. Isaías
se regreso caminando sobre sus pasos cuando repentinamente una chica caminando
muy rápido detrás de él lo tropieza. Alterado le grita: “ahora que!?” la chica asustada lo mira y le dice: “lo siento señor”, y se va corriendo. Isaías
avergonzado la llama: “no! yo lo siento,
no era mi intención gritarte así, pensé que eras alguien más”. Pero no
logro alcanzar a la chica pues estaba cansado por sus 15 vueltas de 500 metros
de hace un rato. “Rayos! Ese idiota me
hizo quedar mal -.-” pensaba Isaías. Un grito desgarrador salió de la casa
donde se había quedado Gabriel hace un momento y se regreso a buscarlo, pero
este ya no estaba. Toco la puerta enérgicamente preguntando “que pasa!?”, pensó “carajo! Que habrá hecho Gabriel ahora!?”. Al momento la puerta se
abrió y una mujer cayó en sus brazos llorando: “mi hija, mi hija, por qué, era tan joven, mi hija!” Isaías pensaba:
“qué carajos!” mientras entraba para
acomodar a la mujer y al recorrer los cuartos de la vieja casa encontró a la
chica que habían seguido hace un rato, sobre un charco de sangre, sus muñecas
cortadas profundamente, y su madre llorando sin fuerzas en la sala. La chica ya
no respiraba, Isaías le pidió el teléfono a la madre pues él no tenía el suyo
consigo, llamo a una ambulancia, pero al llegar ya era muy tarde y la chica
había muerto, y Gabriel había desaparecido.
V Conociendo al asesino
Isaías paso noches sin dormir y cuando
dormía tenia pesadillas, sobre la chica que murió desangrada en sus brazos,
sobre el hecho que Gabriel había desaparecido ese día, y sobre lo confuso que
era todo: “Gabriel dijo que esa chica era
la asesina? No, solo dijo que debía ser ella. Tal vez quiso decir que sería la
próxima víctima. Pero como lo supo? Y más importante porque desapareció? Si ese
día él era el más interesado en esa chica? El fue el que me llevo a esa casa, y
él fue el que se quedo allí mientras yo me iba. Algo muy extraño está pasando y
parece que Gabriel está involucrado en todo esto”. Isaías le envió mensajes
a Gabriel exigiéndole saber donde estaba, y una explicación de lo que había
pasado, pero Gabriel no respondía. Días más tarde Gabriel fue a las clases de
ajedrez y se sentó frente a Isaías como si nada hubiese pasado. Isaías tenía
tantas preguntas que hacerle y estaba tan molesto, pero se contuvo. No
encontraba por dónde empezar. Gabriel mueve un peón y le dice mostrando su
sonrisa gentil: “esta tarde iré a ver a
alguien, queras acompañarme?”. Isaías movió un peón y resoplo: “que carajos! Para que me mates también?”.
Gabriel movió un caballo: “pensé que te
habías ido ese día. Si hubiera sabido que seguías allí, me fuera quedado un
rato mas”. Isaías moviendo el otro caballo: “y donde has estado? Que fue lo que realmente paso allí? No pudiste
responderme un puto mensaje?”. Gabriel movió un alfil: “perdí el cargador de mi teléfono, no he podido usarlo en días”. Isaías
moviendo un peón: “Carajo! Y a quien vas
a ver? Por qué debo ir contigo?”. Gabriel retirando su alfil: “alguien que conocí ayer, me invito un café
pero, estaría mas cómodo si vas conmigo”. Tras entablar un clásico juego
español, sin cruzar más palabras, se fueron a esta misteriosa cita. Al llegar,
a una hermosa casa grande, adornada de arbustos, Gabriel toco la puerta, y se paro
con su típico rostro inexpresivo frente a ella, mientras Isaías trataba de
entender por qué aun seguía a Gabriel a donde este le decía, porque le costaba
tanto alejarse de él. Tras una corta espera una chica muy linda y no muy alta
abrió la puerta: “oh eres tú, pasen”.
Sentados en la sala de estar Gabriel miraba a esta chica fijamente con su
rostro inexpresivo, mientras la chica sonreía e Isaías no podría sentirse más
incomodo con toda esta situación. El silencio se rompió súbitamente cuando
luego de un sorbo de esa riquísima taza de café Isaías pregunto: “y como se conocieron?”. Ella miro a
Gabriel y Gabriel respondió: “Tenia
tiempo queriendo conocerla, y ayer simplemente me acerque a decírselo. Ella fue
muy receptiva y hasta me invito a su casa hoy por un café”. La chica
continuo la historia: “no todos los días
se te acerca un extraño a decirte que tiene mucho tiempo queriendo conocerte,
jejeje :3 ”. Isaías pensaba que era chica muy adorable, mientras la miraba,
y le parecía extraño que Gabriel muestre interés repentinamente en una chica,
cuando ya hacía meses que lo conocía y no parecía interesarle nadie en
absoluto. Al cabo de un rato, Gabriel, como si no hubiera nadie más en la sala:
“Como lo haces? desde cuándo? Que te
motiva?”. Isaías de pronto quedo a la deriva, pues no entendía que rumbo
había tomado esta conversación. La chica respondió muy risueña: “es muy fácil, para una chica tan linda como
yo, es bastante fácil acercarme a los demás y ganarme rápidamente su confianza”.
Mientras Isaías no entendía de que hablaban, la chica continuó: “llevo tiempo haciéndolo, y lo que me motiva
pues, no lo sé… que puedo hacerlo, que es muy fácil”. Isaías mirando a Gabriel
tratando de obtener una explicación sobre esta extraña conversación, cuando empezó
a notar que Gabriel estaba más serio de lo habitual, no estaba tenso, estaba
mas bien, atento, curioso hacia esta chica, y lo ella decía. La chica
continuaba: “simplemente hago que me
lleven a donde se sientan mas cómodos, luego les ofrezco una taza de café con
algo fuerte para dormir, o simplemente los sorprendo con un pañuelo impregnado
en cloroformo, es un truco viejo pero valla que funciona, jijiji y cuando caen
desmayados, lo hago y me voy. Sin rastro, y como un suicidio común :3”. Isaías
se puso pálido y no dejaba de repetir en su cabeza “una taza de café con algo fuerte?”. La chica vio a Isaías y soltó
una risa divertida. En ese instante Isaías recordó a la chica que lo tropezó
aquel día, era la misma chica que en ese momento tenia frente a él, con esa
sínica sonrisa. Todo el cuerpo se le entumecía y un frio recorría su columna
desde la parte de abajo hasta la parte de atrás de la cabeza. Gabriel sin
inmutarse continuaba: “solo por
diversión?”. A lo que la chica replico: “ver
los cuerpos muertos, y luego escuchar las noticias y pensar que yo soy la
autora de todo eso realmente me hace estremecer, ni el sexo me da una mejor
sensación que ésta”. Isaías se paró de su silla con movimientos algo
grotescos, estaba en shock y en pánico, sentía que Gabriel lo había traído a la
cueva del lobo feroz. Sentía que debía salir de allí corriendo pero sus piernas
ya no respondían. El miedo se había apoderado de él, mientras la chica reía y
Gabriel lo miraba con una actitud tan calmada, como si estuviera a gusto, mientras
compartía una taza de café con una asesina serial.
VI La risueña psicópata
Isaías estaba aterrado mientras que
Gabriel conversaba plácidamente con la risueña psicópata. “Por qué no nos has drogado a nosotros?”, pregunto Gabriel, “por qué no has intentado matarnos?”. La
chica con su tierna sonrisa: “realmente
me sorprendiste cuando me interceptaste aquella tarde y me dijiste muy
fríamente: “sé que eres la asesina”. No pude entender como me descubriste, pero
si lo sabías, y no hiciste nada al respecto, supongo que no eres una amenaza
para mí. No sé si pueda considerarte un aliado, más bien sentí el deseo de
conocerte. Veras, no tengo muchos amigos, menos alguien con quien pueda
compartir mis historias, realmente me sentía sola, pero vi en ti la posibilidad
de poder contarle mi historia a alguien sin ser juzgada”. Isaías
completamente aterrado recobro un poco la compostura y retomo su asiento para
pensar en una manera de huir de esta situación. Gabriel interesado en las
palabras de la chica: “ciertamente, no
tengo interés en juzgarte o acusarte de nada. Simplemente quería conocerte y
entenderte.. Pero, al parecer estás vacía. Has matado a todas esas personas
solo porque podías? Esa es tu única razón? Me siento un poco decepcionado”,
decía Gabriel inexpresivamente mientras le daba otro sorbo a su taza de café. “Pero este es un muy buen café, debo decir.
Veo que mi amigo no se siente muy bien. Creo que lo acompañare a tomar un taxi”.
Luego de eso Isaías volvió a su casa y Gabriel se quedo platicando con la
asesina por el resto de la noche. Isaías nunca supo de qué hablaron esa noche,
pero lo cierto, es que desde ese día, no volvieron a haber casos de suicidios
similares reportados en su región. Días más tarde, Isaías recibía mensajes de
Gabriel: “el curso de ajedrez es algo
aburrido sin ti”. Isaías no respondía los mensajes. Isaías ya no salía de
su cuarto, mientras asimilaba el terror de haber conocido personalmente a una
asesina serial. Pero al cabo de un mes, poco antes de comenzar las clases en la
universidad, Isaías fue a ver a Gabriel a su casa, y jugaron ping pon toda la
tarde como si nada hubiera pasado, sin mediar muchas palabras. El semblante de Isaías
era bastante sereno, mientras que el de Gabriel se veía algo desmotivado y
pensativo. Como si lamentara que los suicidios hubiesen acabado.
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