jueves, 28 de abril de 2016

Arco III: El Diario del Asesino

I La Cafetería
La llegada de la temporada más fría del año, el invierno, era anunciada por un cielo gris que no dejaba escapar ni un rayo de sol a la tierra, y ocasionalmente, cubría los techos de las casas de la ciudad con su rocío. Nada más reconfortante para combatir el frio de los días lluviosos, que tomar una rica taza de café, en la nueva cafetería que abría sus puertas frente a la universidad. La cafetería “Dolce Amaro” era un lugar cálido y acogedor, tenía diseños amaderados en las paredes y muebles minimalistas, contaba con una estantería de repleta de libros variados para los clientes, y un muy buen café de granos importados que no lo había en otro lugar. Diariamente los estudiantes de la universidad visitaban la cafetería durante sus ratos libres entre clases, para leer un bien libro, repasar sus notas, y por supuesto, degustar un poco de este maravilloso café. Todas las mañanas llegaba el gerente muy temprano a abrir las puertas de la cafetería para sus jóvenes clientes. Cierto día mientras llegaba el transporte matutino a la universidad, luego de hacer su largo recorrido por la ciudad en busca de estudiantes Isaías pudo notar la mirada curiosa de Gabriel sobre el gerente que abría las puertas de su cafetería, esa mañana. Isaías al ver el interés de su amigo por la cafetería, le convido un café antes de entrar a clases. Estaba muy temprano aun, por lo que ellos dos eran los únicos clientes en ese momento. Mientras Isaías le daba una probada a su reconfortante café late, Gabriel miraba escéptico al gerente, quien ordenaba meticulosamente unos papeles, acomodaba las tazas en su lugar, clasificaba los libros de la estantería y se preparaba para su ajetreado día de trabajo.

II La Libreta
Una mañana lluviosa, luego de la primera clase del día, algunos estudiantes pasaban sus ratos libres en la cafetería. De entre ellos Isaías, Gabriel y dos de amigos más, conversaban en su mesa sobre las características de la nueva versión de un Sistema Operativo Móvil muy conocido, una nueva canción del grupo japonés ACG, pero Gabriel no se mostraba muy interesado por estos temas alternativos, más bien los consideraba trivialidades. Poco a poco fue quedando vacía la cafetería hasta que quedaron estos cuatro amigos. Repentinamente, uno de ellos vio en el suelo, cerca de la mesa de al lado, una pequeña Libreta. No tenía escrito el nombre del dueño, ni su información de contacto, a pesar de eso, Isaías se ofreció a devolvérselo al dueño. Si, el siempre era así. Gabriel tomo la libreta para echarle una mirada rápida, pues cualquier cosa le parecía más interesante que la conversación de sus amigos. Isaías no podía creer la cara de asombro que tenia Gabriel en ese momento, y la espeluznante sonrisa que adornaba su rostro, mientras pasaba las páginas de la libreta. El fin de semana había llegado, y Gabriel fue a visitar a su amigo Isaías como de costumbre, quien lo recibió con su habitual cordialidad: “Por que llegas tan temprano? Mi casa está hecha un desastre…”. Después de entrar y acomodar un poco, Isaías continuo: “y por qué aun traes esa libreta contigo?”. “Justamente de eso quería hablarte”, afirmo Gabriel más enérgico de lo usual, “Esto es maravilloso! Cuando empecé a leerlo pensé que alguien llevaba aquí sus notas sobre algunos casos criminales, tal vez un periodista o que se yo, pero quede fascinado con estas descripciones tan detalladas y especificas, Mira!”. Isaías le echo un vistazo rápido a la libreta, y mientras más hojeaba las páginas, mas se horrorizaba con lo que leía. Descripciones gráficas bastante grotescas y explicitas, de algunos asesinatos detallados meticulosamente, indicando el lugar y la fecha de los actos mencionados. Cada historia relataba como las victimas aterradas eran lentamente asesinadas, abusadas, desmembradas,  mutiladas. El nivel de detalle en cada historia era tan riguroso que parecían ser narrados directamente por el mismo autor de los hechos.

III El Cadáver
Isaías perplejo por el contenido de la libreta, escuchaba a Gabriel afirmando: “Al parecer es del mismísimo asesino! Llevaba el registro de todos los asesinatos que cometía, y lo encontramos justo en la cafetería frente a la universidad! Es simplemente magnífico!”. Isaías no lograba comprender la excitación de Gabriel respecto a este asunto, y con un poco de escepticismo lo detuvo: “por qué estas tan seguro que es así? Que te hace pensar que esto sea real? Podría ser algún escritor enfermizo creando alguna clase de obra ficticia o algo así”. Gabriel insistía: “También pensé en eso, pero luego investigue algunos crímenes en la red, que concordaban con la descripción, ubicación y fecha de los descritos en la libreta, y en efecto, todos fueron crímenes reales. Tenemos que descubrir de quien es esta libreta, ver qué clase de persona es, bien podría ser un estudiante o algún cliente habitual de la cafetería”. Isaías enojado por la temeridad de su amigo, el cual parecía no comprender el riesgo de lo que estaba planteando, replicó: “Pero qué carajo? Por qué siempre dices esas cosas? Estás loco? Si este realmente fuera el diario de un asesino para que quieres saber quién es?”. “Pues, para devolvérselo…”, dijo Gabriel, sin poder entender la exaltación de su amigo. Días más tarde, en un pueblo cercano llamado Tucupido, en una zona poco habitada, entre un montón de arbustos, justo como lo describía la última historia escrita en la libreta, Gabriel encontró un cadáver. Era el cuerpo muerto de una mujer joven, que había sido arrastrada a este lugar, fuertemente golpeada, violada y luego asesinada, justo como estaba descrito en la libreta.  El asesino, seguidamente ató a la mujer muerta a un árbol y la decoro gentilmente con sus entrañas y algunas hermosas flores aromáticas. La grotesca escena no parecía asustar a Gabriel, mucho menos asombrarle, simplemente se quedo allí parado, contemplando cada detalle de la misma por unos minutos. Pensar que esta mujer estuvo viva, y recrear en su mente, paso a paso la manera en que fue maltratada y asesinada por su agresor, generaba en Gabriel una sensación profunda. Miraba cada detalle, cada marca en su cuerpo, cada herida, y ese fétido olor del cadáver descompuesto no le parecía repulsivo en lo absoluto. Una vez más analizando lo escrito en la libreta, notó que cada asesinato, era cometido con un mes de diferencia, y ya había pasado más de un mes desde que la última historia fuese escrita, por lo que podía sentir cuan ansioso estaba el asesino por escribir su siguiente historia.

IV Perdido
La siguiente semana, Gabriel asiste temprano a la universidad como de costumbre, pero estaba algo tenso y distraído ese día, mirando su reloj y observando la puerta del salón repetidas veces. Isaías nunca llegaba tarde a clases, mucho menos faltaba, debido a eso, le resulto alarmante a Gabriel que ese día, su amigo no apareciera. Su preocupación se hizo evidente cuando todas las llamadas empezaron a caer directamente a la contestadora. Isaías había desaparecido, sin dejar rastro alguno, sin pistas. Gabriel decidió tomarse un momento para pensar donde podría estar su amigo, o qué le habría pasado, y que mejor lugar para pensar, que la tranquila cafetería de en frente. Tras hojear una vez más la libreta de los asesinatos, la insistente mirada del gerente de la cafetería sobre él,  capto su atención. Cuando todos los clientes se habían ido, Gabriel se sentó frente a la barra, muy cerca del gerente, y mirándolo fijamente, le preguntó en un tono muy sereno: “Aun está vivo?”. El gerente parecía no entender de lo que le hablaba, mientras que Gabriel continuaba: “hace días encontré esta libreta en su cafetería…”. El gerente, un poco dudoso, lo interrumpió abruptamente: “nunca lo había visto antes”. Gabriel, dejando ver una ligera sonrisa, retomaba: “Me pareció muy interesante. Ver estas historias escritas con tanta pasión, es simplemente magnifico. Y cuando fui a visitar el lugar de la última víctima, lo que encontré me pareció una magistral pieza de arte”. Sorprendido, el gerente tomo asiento frente a él, mientras Gabriel continuaba: “Realmente, me gustaría encontrarme con este particular autor, para entregarle su libreta. Estoy fascinado por ver que escribirá en su próxima historia”. Tras esta honesta manifestación de admiración, el gerente sonriendo le preguntó: “Eres como yo? Quieres escribir conmigo los próximos capítulos? Tengo un montón de ideas que podríamos…”, antes que éste pudiera culminar su oración, Gabriel continuo su elocuente discurso: “Pero… disfruto mucho mas siendo solo un espectador. Además, hay un asunto que me tiene un poco perturbado. Desde ayer, no logro encontrar a mi amigo, y tengo cierto interés en el, por lo que espero que aun este vivo”. No era preocupación lo que Gabriel sentía por su amigo, no era empatía, era algo más, y el gerente psicópata, lo entendía perfectamente. El sabia lo importante que es para un psicópata como él tener a alguien, sea para atormentarlo rápida, lenta o muy lentamente.

V Chocolate

“Esta en el depósito”, dijo el gerente, “Aun está vivo. Sin mi libreta, no tenía sentido matarlo, necesitaba escribir lo que le haría”. Repentinamente la mirada del gerente cambio, mientras concluía: “Entenderás que si he sido descubierto, tendré que irme muy lejos”. Gabriel lo entendía perfectamente. Más que entender sus palabras, entendía cómo pensaba, lo que sentía. Al obtener su libreta de las frías manos de Gabriel, el agradecido gerente con una sonrisa le pregunto: “puedo hacer algo mas por ti?”. Gabriel con total naturalidad le pidió una última taza de ese rico chocolate caliente, antes que se fuera. Realmente, ese era un muy buen chocolate, con un aroma tan fresco y la mezcla perfecta de amargo y dulce, que le producía variadas sensaciones a cada sorbo y la satisfacción que solo el chocolate caliente puede dar en un día gris. Al terminar su chocolate, el gerente ya se había ido, así que Gabriel fue al cuarto de depósito, a liberar a su cautivo amigo, “Ya se fue... ya todo está bien”, afirmaba Gabriel mientras le retiraba la mordaza. Isaías que aun no entendía por qué el gerente lo había atado y amordazado, estaba histérico y muy enojado. El gerente nunca más fue visto en la ciudad, e Isaías, nunca supo que éste era el dueño de la libreta, y autor de los grotescos asesinatos descritos en ella. Gabriel parecía complacido de haber encontrado vivo a su amigo, y también por su plácida conversación con el asesino. 

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