I Los
Desaparecidos
En su
periodo universitario, Isaías se inscribió en el instituto universitario de
tecnología de su región, en la carrera de ingeniería en informática. Es una de
las pocas opciones que tenía en su ciudad, sin embargo era una de las mejores.
Al comenzar, se alegro al ver que algunos de sus nuevos compañeros de clases,
también eran viejos compañeros del club de ajedrez. Durante las clases, su
mirada recorría todo el salón para ver con detalle a todos sus compañeros de
clase, este nuevo primer año. Chicas muy lindas y personajes interesantes
parecían sobresalir en el gran salón, sin embargo quedo perplejo cuando al
mirar a atrás no estaba otro más que su misterioso amigo Gabriel, quien al
parecer no estaba nada interesado en hacer notar su presencia. Durante los
recesos, entre los temas recurrentes de los pasillos, deambulaba el rumor de
numerosas desapariciones misteriosas que atemorizaban a las personas de la
ciudad y áreas vecinas. En los pasillos, entre el aula 20 y 21, se sentaba
Isaías con sus amigos a conversar sobre sus intereses, programación, ajedrez, cultura
japonesa, música, nuevas tecnologías, tendencias, y este tema de las desapariciones
no podría faltar en la conversación. Ese fin de semana en la casa de Isaías,
jugaban al Xbox él y otro amigo, mientras que Gabriel esperaba su turno para
jugar. Gabriel desplazaba las notificaciones de twitter en su teléfono hasta
que encontró algo que capto su total atención, la foto de una chica que había
sido secuestrada el día anterior. Repentinamente Gabriel se fue con prisa del
lugar e Isaías y su otro amigo, continuaron jugando sus videojuegos, aunque
Isaías, quien ya conocía a Gabriel, no dejaba de preguntarse, que estará
pasando por la cabeza de ese chico, en que se estaría metiendo ahora.
II Cicatriz
Mientras
las desapariciones continuaban, una chica de otra clase, Helena, mostro cierto interés en Gabriel, y el aura
misteriosa que lo rodeaba, pero al ser totalmente ignorada por él, acudió a
Isaías, su mejor amigo, para ver qué clase de persona era. Isaías era un joven
brillante en las materias prácticas, pero no demostraba mucho interés en
las teóricas. Mientras este pasaba gran
parte del tiempo leyendo libros en internet, Gabriel realizaba sus
investigaciones sobre las desapariciones, buscaba fotos de las víctimas,
detalles de los testigos, noticias. Era un completo obsesivo con respecto a los
crímenes de la región. Los días eran bastante rutinarios para estos 3 amigos,
en las mañanas iban a clases en su universidad, en las tardes al club de
ajedrez de la ciudad, y en las noches, al polideportivo, a trotar un poco. Algunos
fines de semana se reunían en la casa de Isaías a jugar en su XBOX, y durante
las clases, se reunían en los pasillos para compartir notas sobre el caso en
curso. Las desapariciones eran cada vez mas dispersas geográficamente. Las
prácticas en el club de ajedrez eran algo aburridas para Isaías los días que
Gabriel no iba, y estos días de ausencia se extendían cada vez más, al igual
que el número de desapariciones en la zona. Cierto día Helena, la de la otra
clase, se acerco a Isaías, diciendo que tenía información importante para su
investigación. Mientras Helena contaba rumores sobre un profesor que acosaba a
algunas estudiantes de su clase, Gabriel analizaba la extensión geográfica de
las desapariciones, y otras características de las víctimas, como rasgos
físicos, color de cabello, sitios frecuentados, entre otras. Cuando Helena
comento sobre el caso de secuestro de una chica cerca de su casa, Gabriel no
pudo evitar preguntarle todo lo que ella pudiera decirle sobre la víctima, pero
la información que poseía Helena no parecía de mucha utilidad. La chica
desaparecida tenía cabello negro, vivía con su abuela, trabajaba de día,
estudiaba de noche y tenía una cicatriz poco visible cerca del hombro. Nada
parecía tener mucha importancia, aun así Gabriel se mostro muy interesado en
estos detalles. Durante un clásico juego siciliano, Isaías le pregunta a
Gabriel en tono sarcástico: “cómo va la
investigación? algún progreso? Te ves cansado..”. A lo que Gabriel, mientras capturaba un
caballo, respondió: “no hay muchas
pistas, pero ya estoy muy cerca, creo que tengo un sospechoso, y un patrón, solo
que aun debo confirmarlo”. Isaías
capturando un alfil: “que harás cuando lo
descubras? Tomar una taza de café con él también? Estás loco? Y como puedes
estar tan seguro de que tu sospechoso es el asesino?”. Gabriel captura un
peón central: “De seguro intentaría matarme.
Este no parece tan amigable como para conversar plácidamente”. Gabriel le explicó a su amigo que faltaría a
clases unos días. Isaías no se mostro muy interesado en saber el motivo.
Gabriel continuaba: “la chica de la que
hablaba Helena, la víctima de acoso, hable con ella”. Isaías se acerco a preguntarle en forma
irónica: “te rindes con el caso de las
desapariciones, y ahora tomaras el caso de profesor un acosador?”. Gabriel
respondió con rostro inexpresivo: “al
igual que la víctima del secuestro reciente, esta chica también… tenía una
cicatriz”.
III Fotos
Los
días transcurrían con normalidad. Isaías parecía algo aburrido debido a la
ausencia de su amigo Gabriel, no disfrutaba las clases de programación que
tanto le fascinaban anteriormente, los juegos de ajedrez ya no parecían tan
emocionantes, y los videojuegos parecían tan solitarios. Mientras Helena
relataba un rumor de cierto profesor, que al parecer era taxista en las noches,
Isaías encontraba más interesante el diseño grabado de los marcos de los
cuadros colgados en la pared, dentro del club de ajedrez. Repentinamente Gabriel
apareció y se sentó frente a Isaías como de costumbre. Isaías estaba molesto
por la larga ausencia de Gabriel, y el no responder sus mensajes, quería
gritarle pero se contuvo, pues mas fue la curiosidad por preguntare, y en tono burlista: “algún hallazgo relevante?”. Seguidamente,
tras mover un caballo del tablero, Gabriel le conto que irrumpió en la casa de su
sospechoso, y encontró bajo su almohada un montón de fotos de mujeres. No del
tipo de fotos de mujeres que todos tenemos en nuestras laptop. No, numerosas fotos
de mujeres desnudas, en las que solo se veían ciertas partes del cuerpo, y en
esas partes, cicatrices. A pesar de buscar minuciosamente, no encontró nada que
le indicase que había pasado con estas mujeres, donde estaban, o si seguían vivas.
Isaías anonadado le preguntaba: “Encontraste
al secuestrador? Cómo? Irrumpiste en su casa? Estás loco? Registraste la casa
de un secuestrador? Qué Carajos hombre!?”. Gabriel con total serenidad y su
ya típico rostro inexpresivo replico: “te
toca mover... Pues sí, ya tenía una idea de quién podría ser, por la amplia extensión
geográfica de sus víctimas, deduje que debía ser un taxista o algo así, y tomando
en cuenta el hecho de que todas sus víctimas tenían cicatrices en alguna parte
del cuerpo, solo necesitaba encontrar algo que lo relacionase con las
desapariciones, y al ver las fotos de las cicatrices, parece que lo he
encontrado, pero creo que deberíamos observarlo por un tiempo para confirmarlo.
No debería ser ningún problema, pues es un profesor my conocido”. Isaías estaba
un poco más calmado, pero aun sin palabras por la impresión de la temeridad y
perspicacia de su amigo, mas Helena quien estaba también sorprendida, pero inmersa
en la narración de Gabriel, mostro su total apoyo: “y que harás al confirmarlo? ...y …y ya sabes de qué universidad es él?”.
A lo que Gabriel afirmo con una alegre sonrisa: “si, la nuestra”.
IV la Trampa
Gabriel
iba a clases sin falta todos los días, lo que tenía un poco contento a Isaías, y
en ocasiones se acercaban al salón de Helena a hablar con ella sobre la investigación,
ya que ella era muy buena para obtener información de los pasillos, y recopilar
rumores e historias en su libreta. Helena estaba muy emocionada pues por
primera vez se sentía parte de algo, se sentía útil, Isaías ya estaba acostumbrado
a esta misteriosa faceta de Gabriel, y se sentía más cómodo al tener a otra persona
más en el grupo.
Cierto
día Gabriel anuncio a los otros dos que ya tenían suficiente información sobre
el secuestrador y debían tenderle una trampa, descubrirlo en el propio acto y
tomarle una foto que sirva como prueba para llevarlo a las autoridades. Mientras
que Helena no dejaba de preguntarse qué clase de plan tendría en mente Gabriel para
descubrir a el secuestrador infraganti, y más aun fotografiarlo en el momento
sin ser descubiertos, Isaías empezó a alterarse un poco: “Estas loco? Como le vamos a tender una trampa a un secuestrador? Podría
matarnos! Además como harás para saber donde atacara esta vez? Y que harás
cuando lo haga? Tomar una foto y ya? Dejarías que la victima sea secuestrada y asesinada?
Y no estás pensando en que nos pondrías en peligro a mí y a Helena?”. Gabriel
haciendo caso omiso de las acertadas preguntas de su amigo, y a la cara de
asombro de Helena, su inexpresivo rostro dejo ver una ligera sonrisa mientras
se despedía: “lo haremos mañana”.
V El llavero de la suerte
Aterrado
por no saber lo que haría Gabriel, Isaías se quedo hablando con Helena, pero
ella estaba más cautivada por la determinación de Gabriel, y ligeramente distraída
pues notó que había perdido su llavero de la suerte con su nombre grabado en él.
Helena buscaba su llavero por todos los sitios que conocía, su casa, la
universidad, pero no tuvo mucho éxito en su búsqueda. Al día siguiente, tras
conversar brevemente con Gabriel, entro a su clase y se sentó en la última fila
como de costumbre, y a pesar de ser la más brillante de la clase, su profesor estaba
ligeramente molesto con ella ese día y le pidió que se quedara después de
clases, pues debía hablar algo seriamente con ella. Mientras sus curiosos compañeros de clase se mostraban sorprendidos
por la actitud de su profesor hacia ella, Helena no dejaba de pensar: “Carajo! Primero el llavero y ahora esto! Definitivamente
este no es mi día”. Mientras tanto, Gabriel e Isaías tenían una conversación
poco común en los pasillos. A pesar de que Gabriel siempre se había mostrado
frio e insensible, algo parecía diferente ese día: “pensé en lo que dijiste ayer, no considere que podría ponerlos en
peligro a ti y Helena, así que decidí hacerlo de otra manera”. Isaías asombrado,
al ver por primera vez, lo que parecía ser un intento de disculpa, saliendo de
la boca avergonzada de Gabriel, interrumpió su elocuente discurso, para
preguntarle sobre que había hablado con Helena esa mañana.
Al culminar
la clase de ese día, una vez que salieron del salón todos los compañeros de
Helena, excepto ella, el profesor cerró la puerta, y camino hasta la última
fila donde estaba ella, se paro frente a ella y la observo detenidamente con
una espeluznante mirada, que no hacía más que aterrar a Helena hasta revolver
su estomago. Mientras su corazón latía fuerte y frenéticamente, hasta sentir
como si estuviera a punto de salirle por el pecho, Helena pensó que en ese
momento sería otra víctima del vulgar acoso de su profesor. Mas dejó ver su
cara de asombro cuando éste le dijo a ella: “Devuélvemelas!
Devuélvemelas, se que has sido tú!”. Helena sin entender una sola palabra
de lo que decía su profesor: “Devolverle qué?
Que he hecho yo?”. El profesor se enfureció en gran manera y con un rostro
aterrador comenzó a patear las demás sillas gritando: “No me jodas! Sé que fuiste tú! Dime donde están!”. El terror se
apodero de Helena de manera que su voz ya no salía, su cuerpo tembloroso ya no respondía,
ni siquiera había notado que se había hecho pis encima, dejo escapar un par de lagrimas,
y no dejaba de mirar las grotescas manifestaciones de ira de su profesor, que
repentinamente se detuvo a afirmar: “Oh Si,
se que fuiste tú. Anoche llegue a mi casa
y vi la ventana rota, pensé que me habían robado, pero nada faltaba, mi dinero,
mi laptop, todo estaba en su lugar, hasta que vi bajo mi almohada y las fotos
no estaban. Pensé que alguien me había descubierto y que llegaría la policía en
cualquier momento pero no fue así. No dormí en toda la puta noche cruzando de
un lado de la casa al otro hasta que encontré esto!”. La aterrada mirada de
helena, fija en la sonrisa macabra de su profesor, se movió lentamente hasta el
objeto que él sostenía en su mano en ese momento. Era el llavero perdido de
Helena con su nombre grabado.
VI La Llamada
“Ahora Dámelas! O te matare aquí mismo!”,
gritaba el maniático, “Devuélveme las
fotos que me robaste!”. Helena quedó congelada, pues su mente quedo
atrapada en un dilema que no lograba entender. Parecía como si el tiempo se
hubiera detenido mientras que ella solo pensaba: “voy a morir? como es que él tiene mi llavero? Va a matarme? Dijo que
lo encontró en su casa anoche? El es el asesino? Que hacia mi llavero allí? Le robaron
las fotos? De que hablo Gabriel conmigo esta mañana? Gabriel, donde estas?
Gabriel?”. En el salón de al lado, Gabriel miraba repetidamente su reloj,
mientras que Isaías se mostraba tan aburrido por la clase teórica, que le parecía
más interesante el diseño grabado en el reloj de su amigo. Gabriel repentinamente
hizo una breve llamada en voz muy baja para que su profesora no lo notara, e Isaías
lo entendía. Si que era aburrida esa clase de formación crítica. Helena por otro lado, por fin logro gritar luego
que su profesor la tomara por el cabello y la arrestase por el piso. Desafortunadamente
nadie la escuchaba, pues solo estaban ellos dos en el salón de al lado, y ningún
ruido escapaba mientras la puerta se mantuviera cerrada. Mientras sus gritos
eran ahogados por la áspera mano del psicópata, recordó que había guardado en
su bolso un regalo que le había dado Gabriel esa mañana, y desesperadamente
intentaba alcanzar el bolso con los pies antes de morir asfixiada. Poco a poco
su visión se nublaba por la falta de oxigeno, un pitido ensordecedor no la
dejaba oír las enfermizas palabras del asesino, y lentamente un hormigueo comenzó
a recorrer su cuerpo entero. Sus manos intentaban detener la constricción de
los fuertes brazos de su atacante sin mucho éxito mientras pateaba
violentamente la silla donde estaba su bolso. Cuando logro asestarle una patada
al bolso, el contenido de éste quedo regado por el piso, y cuando estuvo a punto
de perder el conocimiento, su mano se topó con el aerosol que su amigo le había
obsequiado esa mañana. En ese momento recordó claramente a Gabriel con su
gentil sonrisa diciendo: “Algún día podría
serte útil”. Sin pensarlo dos veces roció el aerosol de pimienta en los
ojos de su atacante, quien gritando de dolor la liberó y se revolcaba en el
piso. Cuando por fin, Helena logró recobrar el aliento, al ver a su profesor retorciéndose
de dolor en el piso, corrió hasta la puerta y logro salir del salón gritando y
llorando. Estaba tan aterrada que no podía parar de correr. Cuando algunos profesores y estudiantes se acercaron al salón
de donde había salido la histérica chica, todos vieron únicamente al profesor
de su clase quien se retorcía en el piso gritando: “La matare! La matare!”. Luego de eso llegaron las autoridades
debido a una llamada anónima y arrestaron el criminal sin hacer preguntas, el
cual confesó haber sido el autor de la desaparición y muerte de las chicas de
las fotos, y su extraño fetiche hacia las cicatrices. Luego de eso, debido al
trauma psicológico, Helena no volvió a asistir a la universidad, nunca más
contactó a sus dos amigos y no volvieron a saber de ella. Las desapariciones
cesaron, y nunca se supo quien envió el sobre con las fotos a la policía, ni
quien realizo la llamada anónima indicando el lugar y la hora en que ocurría el
delito. Isaías parecía muy sorprendido por lo sucedido, y no lograba comprender
el por qué Gabriel se mostraba extrañamente satisfecho.
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