martes, 26 de abril de 2016

Arco II: Cicatrices


I Los Desaparecidos
En su periodo universitario, Isaías se inscribió en el instituto universitario de tecnología de su región, en la carrera de ingeniería en informática. Es una de las pocas opciones que tenía en su ciudad, sin embargo era una de las mejores. Al comenzar, se alegro al ver que algunos de sus nuevos compañeros de clases, también eran viejos compañeros del club de ajedrez. Durante las clases, su mirada recorría todo el salón para ver con detalle a todos sus compañeros de clase, este nuevo primer año. Chicas muy lindas y personajes interesantes parecían sobresalir en el gran salón, sin embargo quedo perplejo cuando al mirar a atrás no estaba otro más que su misterioso amigo Gabriel, quien al parecer no estaba nada interesado en hacer notar su presencia. Durante los recesos, entre los temas recurrentes de los pasillos, deambulaba el rumor de numerosas desapariciones misteriosas que atemorizaban a las personas de la ciudad y áreas vecinas. En los pasillos, entre el aula 20 y 21, se sentaba Isaías con sus amigos a conversar sobre sus intereses, programación, ajedrez, cultura japonesa, música, nuevas tecnologías, tendencias, y este tema de las desapariciones no podría faltar en la conversación. Ese fin de semana en la casa de Isaías, jugaban al Xbox él y otro amigo, mientras que Gabriel esperaba su turno para jugar. Gabriel desplazaba las notificaciones de twitter en su teléfono hasta que encontró algo que capto su total atención, la foto de una chica que había sido secuestrada el día anterior. Repentinamente Gabriel se fue con prisa del lugar e Isaías y su otro amigo, continuaron jugando sus videojuegos, aunque Isaías, quien ya conocía a Gabriel, no dejaba de preguntarse, que estará pasando por la cabeza de ese chico, en que se estaría metiendo ahora.

II Cicatriz
Mientras las desapariciones continuaban, una chica de otra clase, Helena,  mostro cierto interés en Gabriel, y el aura misteriosa que lo rodeaba, pero al ser totalmente ignorada por él, acudió a Isaías, su mejor amigo, para ver qué clase de persona era. Isaías era un joven brillante en las materias prácticas, pero no demostraba mucho interés en las  teóricas. Mientras este pasaba gran parte del tiempo leyendo libros en internet, Gabriel realizaba sus investigaciones sobre las desapariciones, buscaba fotos de las víctimas, detalles de los testigos, noticias. Era un completo obsesivo con respecto a los crímenes de la región. Los días eran bastante rutinarios para estos 3 amigos, en las mañanas iban a clases en su universidad, en las tardes al club de ajedrez de la ciudad, y en las noches, al polideportivo, a trotar un poco. Algunos fines de semana se reunían en la casa de Isaías a jugar en su XBOX, y durante las clases, se reunían en los pasillos para compartir notas sobre el caso en curso. Las desapariciones eran cada vez mas dispersas geográficamente. Las prácticas en el club de ajedrez eran algo aburridas para Isaías los días que Gabriel no iba, y estos días de ausencia se extendían cada vez más, al igual que el número de desapariciones en la zona. Cierto día Helena, la de la otra clase, se acerco a Isaías, diciendo que tenía información importante para su investigación. Mientras Helena contaba rumores sobre un profesor que acosaba a algunas estudiantes de su clase, Gabriel analizaba la extensión geográfica de las desapariciones, y otras características de las víctimas, como rasgos físicos, color de cabello, sitios frecuentados, entre otras. Cuando Helena comento sobre el caso de secuestro de una chica cerca de su casa, Gabriel no pudo evitar preguntarle todo lo que ella pudiera decirle sobre la víctima, pero la información que poseía Helena no parecía de mucha utilidad. La chica desaparecida tenía cabello negro, vivía con su abuela, trabajaba de día, estudiaba de noche y tenía una cicatriz poco visible cerca del hombro. Nada parecía tener mucha importancia, aun así Gabriel se mostro muy interesado en estos detalles. Durante un clásico juego siciliano, Isaías le pregunta a Gabriel en tono sarcástico: “cómo va la investigación? algún progreso? Te ves cansado..”.  A lo que Gabriel, mientras capturaba un caballo, respondió: “no hay muchas pistas, pero ya estoy muy cerca, creo que tengo un sospechoso, y un patrón, solo que aun debo confirmarlo”.  Isaías capturando un alfil: “que harás cuando lo descubras? Tomar una taza de café con él también? Estás loco? Y como puedes estar tan seguro de que tu sospechoso es el asesino?”. Gabriel captura un peón central: “De seguro intentaría matarme. Este no parece tan amigable como para conversar plácidamente”.  Gabriel le explicó a su amigo que faltaría a clases unos días. Isaías no se mostro muy interesado en saber el motivo. Gabriel continuaba: “la chica de la que hablaba Helena, la víctima de acoso, hable con ella”.  Isaías se acerco a preguntarle en forma irónica: “te rindes con el caso de las desapariciones, y ahora tomaras el caso de profesor un acosador?”. Gabriel respondió con rostro inexpresivo: “al igual que la víctima del secuestro reciente, esta chica también… tenía una cicatriz”.

III Fotos
Los días transcurrían con normalidad. Isaías parecía algo aburrido debido a la ausencia de su amigo Gabriel, no disfrutaba las clases de programación que tanto le fascinaban anteriormente, los juegos de ajedrez ya no parecían tan emocionantes, y los videojuegos parecían tan solitarios. Mientras Helena relataba un rumor de cierto profesor, que al parecer era taxista en las noches, Isaías encontraba más interesante el diseño grabado de los marcos de los cuadros colgados en la pared, dentro del club de ajedrez. Repentinamente Gabriel apareció y se sentó frente a Isaías como de costumbre. Isaías estaba molesto por la larga ausencia de Gabriel, y el no responder sus mensajes, quería gritarle pero se contuvo, pues mas fue la curiosidad por  preguntare, y en tono burlista: “algún hallazgo relevante?”. Seguidamente, tras mover un caballo del tablero, Gabriel le conto que irrumpió en la casa de su sospechoso, y encontró bajo su almohada un montón de fotos de mujeres. No del tipo de fotos de mujeres que todos tenemos en nuestras laptop. No, numerosas fotos de mujeres desnudas, en las que solo se veían ciertas partes del cuerpo, y en esas partes, cicatrices. A pesar de buscar minuciosamente, no encontró nada que le indicase que había pasado con estas mujeres, donde estaban, o si seguían vivas. Isaías anonadado le preguntaba: “Encontraste al secuestrador? Cómo? Irrumpiste en su casa? Estás loco? Registraste la casa de un secuestrador? Qué Carajos hombre!?”. Gabriel con total serenidad y su ya típico rostro inexpresivo replico: “te toca mover... Pues sí, ya tenía una idea de quién podría ser, por la amplia extensión geográfica de sus víctimas, deduje que debía ser un taxista o algo así, y tomando en cuenta el hecho de que todas sus víctimas tenían cicatrices en alguna parte del cuerpo, solo necesitaba encontrar algo que lo relacionase con las desapariciones, y al ver las fotos de las cicatrices, parece que lo he encontrado, pero creo que deberíamos observarlo por un tiempo para confirmarlo. No debería ser ningún problema, pues es un profesor my conocido”. Isaías estaba un poco más calmado, pero aun sin palabras por la impresión de la temeridad y perspicacia de su amigo, mas Helena quien estaba también sorprendida, pero inmersa en la narración de Gabriel, mostro su total apoyo: “y que harás al confirmarlo? ...y …y ya sabes de qué universidad es él?”. A lo que Gabriel afirmo con una alegre sonrisa: “si, la nuestra”.

IV la Trampa
Gabriel iba a clases sin falta todos los días, lo que tenía un poco contento a Isaías, y en ocasiones se acercaban al salón de Helena a hablar con ella sobre la investigación, ya que ella era muy buena para obtener información de los pasillos, y recopilar rumores e historias en su libreta. Helena estaba muy emocionada pues por primera vez se sentía parte de algo, se sentía útil, Isaías ya estaba acostumbrado a esta misteriosa faceta de Gabriel, y se sentía más cómodo al tener a otra persona más en el grupo.
Cierto día Gabriel anuncio a los otros dos que ya tenían suficiente información sobre el secuestrador y debían tenderle una trampa, descubrirlo en el propio acto y tomarle una foto que sirva como prueba para llevarlo a las autoridades. Mientras que Helena no dejaba de preguntarse qué clase de plan tendría en mente Gabriel para descubrir a el secuestrador infraganti, y más aun fotografiarlo en el momento sin ser descubiertos, Isaías empezó a alterarse un poco: “Estas loco? Como le vamos a tender una trampa a un secuestrador? Podría matarnos! Además como harás para saber donde atacara esta vez? Y que harás cuando lo haga? Tomar una foto y ya? Dejarías que la victima sea secuestrada y asesinada? Y no estás pensando en que nos pondrías en peligro a mí y a Helena?”. Gabriel haciendo caso omiso de las acertadas preguntas de su amigo, y a la cara de asombro de Helena, su inexpresivo rostro dejo ver una ligera sonrisa mientras se despedía: “lo haremos mañana”.

V El llavero de la suerte
Aterrado por no saber lo que haría Gabriel, Isaías se quedo hablando con Helena, pero ella estaba más cautivada por la determinación de Gabriel, y ligeramente distraída pues notó que había perdido su llavero de la suerte con su nombre grabado en él. Helena buscaba su llavero por todos los sitios que conocía, su casa, la universidad, pero no tuvo mucho éxito en su búsqueda. Al día siguiente, tras conversar brevemente con Gabriel, entro a su clase y se sentó en la última fila como de costumbre, y a pesar de ser la más brillante de la clase, su profesor estaba ligeramente molesto con ella ese día y le pidió que se quedara después de clases, pues debía hablar algo seriamente con ella. Mientras sus curiosos  compañeros de clase se mostraban sorprendidos por la actitud de su profesor hacia ella, Helena no dejaba de pensar: “Carajo! Primero el llavero y ahora esto! Definitivamente este no es mi día”. Mientras tanto, Gabriel e Isaías tenían una conversación poco común en los pasillos. A pesar de que Gabriel siempre se había mostrado frio e insensible, algo parecía diferente ese día: “pensé en lo que dijiste ayer, no considere que podría ponerlos en peligro a ti y Helena, así que decidí hacerlo de otra manera”. Isaías asombrado, al ver por primera vez, lo que parecía ser un intento de disculpa, saliendo de la boca avergonzada de Gabriel, interrumpió su elocuente discurso, para preguntarle sobre que había hablado con Helena esa mañana.
Al culminar la clase de ese día, una vez que salieron del salón todos los compañeros de Helena, excepto ella, el profesor cerró la puerta, y camino hasta la última fila donde estaba ella, se paro frente a ella y la observo detenidamente con una espeluznante mirada, que no hacía más que aterrar a Helena hasta revolver su estomago. Mientras su corazón latía fuerte y frenéticamente, hasta sentir como si estuviera a punto de salirle por el pecho, Helena pensó que en ese momento sería otra víctima del vulgar acoso de su profesor. Mas dejó ver su cara de asombro cuando éste le dijo a ella: “Devuélvemelas! Devuélvemelas, se que has sido tú!”. Helena sin entender una sola palabra de lo que decía su profesor: “Devolverle qué? Que he hecho yo?”. El profesor se enfureció en gran manera y con un rostro aterrador comenzó a patear las demás sillas gritando: “No me jodas! Sé que fuiste tú! Dime donde están!”. El terror se apodero de Helena de manera que su voz ya no salía, su cuerpo tembloroso ya no respondía, ni siquiera había notado que se había hecho pis encima, dejo escapar un par de lagrimas, y no dejaba de mirar las grotescas manifestaciones de ira de su profesor, que repentinamente se detuvo a afirmar: “Oh Si, se que fuiste tú.  Anoche llegue a mi casa y vi la ventana rota, pensé que me habían robado, pero nada faltaba, mi dinero, mi laptop, todo estaba en su lugar, hasta que vi bajo mi almohada y las fotos no estaban. Pensé que alguien me había descubierto y que llegaría la policía en cualquier momento pero no fue así. No dormí en toda la puta noche cruzando de un lado de la casa al otro hasta que encontré esto!”. La aterrada mirada de helena, fija en la sonrisa macabra de su profesor, se movió lentamente hasta el objeto que él sostenía en su mano en ese momento. Era el llavero perdido de Helena con su nombre grabado.

VI La Llamada

“Ahora Dámelas! O te matare aquí mismo!”, gritaba el maniático, “Devuélveme las fotos que me robaste!”. Helena quedó congelada, pues su mente quedo atrapada en un dilema que no lograba entender. Parecía como si el tiempo se hubiera detenido mientras que ella solo pensaba: “voy a morir? como es que él tiene mi llavero? Va a matarme? Dijo que lo encontró en su casa anoche? El es el asesino? Que hacia mi llavero allí? Le robaron las fotos? De que hablo Gabriel conmigo esta mañana? Gabriel, donde estas? Gabriel?”. En el salón de al lado, Gabriel miraba repetidamente su reloj, mientras que Isaías se mostraba tan aburrido por la clase teórica, que le parecía más interesante el diseño grabado en el reloj de su amigo. Gabriel repentinamente hizo una breve llamada en voz muy baja para que su profesora no lo notara, e Isaías lo entendía. Si que era aburrida esa clase de formación crítica. Helena por otro lado, por fin logro gritar luego que su profesor la tomara por el cabello y la arrestase por el piso. Desafortunadamente nadie la escuchaba, pues solo estaban ellos dos en el salón de al lado, y ningún ruido escapaba mientras la puerta se mantuviera cerrada. Mientras sus gritos eran ahogados por la áspera mano del psicópata, recordó que había guardado en su bolso un regalo que le había dado Gabriel esa mañana, y desesperadamente intentaba alcanzar el bolso con los pies antes de morir asfixiada. Poco a poco su visión se nublaba por la falta de oxigeno, un pitido ensordecedor no la dejaba oír las enfermizas palabras del asesino, y lentamente un hormigueo comenzó a recorrer su cuerpo entero. Sus manos intentaban detener la constricción de los fuertes brazos de su atacante sin mucho éxito mientras pateaba violentamente la silla donde estaba su bolso. Cuando logro asestarle una patada al bolso, el contenido de éste quedo regado por el piso, y cuando estuvo a punto de perder el conocimiento, su mano se topó con el aerosol que su amigo le había obsequiado esa mañana. En ese momento recordó claramente a Gabriel con su gentil sonrisa diciendo: “Algún día podría serte útil”. Sin pensarlo dos veces roció el aerosol de pimienta en los ojos de su atacante, quien gritando de dolor la liberó y se revolcaba en el piso. Cuando por fin, Helena logró recobrar el aliento, al ver a su profesor retorciéndose de dolor en el piso, corrió hasta la puerta y logro salir del salón gritando y llorando. Estaba tan aterrada que no podía parar de correr. Cuando algunos  profesores y estudiantes se acercaron al salón de donde había salido la histérica chica, todos vieron únicamente al profesor de su clase quien se retorcía en el piso gritando: “La matare! La matare!”. Luego de eso llegaron las autoridades debido a una llamada anónima y arrestaron el criminal sin hacer preguntas, el cual confesó haber sido el autor de la desaparición y muerte de las chicas de las fotos, y su extraño fetiche hacia las cicatrices. Luego de eso, debido al trauma psicológico, Helena no volvió a asistir a la universidad, nunca más contactó a sus dos amigos y no volvieron a saber de ella. Las desapariciones cesaron, y nunca se supo quien envió el sobre con las fotos a la policía, ni quien realizo la llamada anónima indicando el lugar y la hora en que ocurría el delito. Isaías parecía muy sorprendido por lo sucedido, y no lograba comprender el por qué Gabriel se mostraba extrañamente satisfecho. 


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