jueves, 28 de abril de 2016

Arco III: El Diario del Asesino

I La Cafetería
La llegada de la temporada más fría del año, el invierno, era anunciada por un cielo gris que no dejaba escapar ni un rayo de sol a la tierra, y ocasionalmente, cubría los techos de las casas de la ciudad con su rocío. Nada más reconfortante para combatir el frio de los días lluviosos, que tomar una rica taza de café, en la nueva cafetería que abría sus puertas frente a la universidad. La cafetería “Dolce Amaro” era un lugar cálido y acogedor, tenía diseños amaderados en las paredes y muebles minimalistas, contaba con una estantería de repleta de libros variados para los clientes, y un muy buen café de granos importados que no lo había en otro lugar. Diariamente los estudiantes de la universidad visitaban la cafetería durante sus ratos libres entre clases, para leer un bien libro, repasar sus notas, y por supuesto, degustar un poco de este maravilloso café. Todas las mañanas llegaba el gerente muy temprano a abrir las puertas de la cafetería para sus jóvenes clientes. Cierto día mientras llegaba el transporte matutino a la universidad, luego de hacer su largo recorrido por la ciudad en busca de estudiantes Isaías pudo notar la mirada curiosa de Gabriel sobre el gerente que abría las puertas de su cafetería, esa mañana. Isaías al ver el interés de su amigo por la cafetería, le convido un café antes de entrar a clases. Estaba muy temprano aun, por lo que ellos dos eran los únicos clientes en ese momento. Mientras Isaías le daba una probada a su reconfortante café late, Gabriel miraba escéptico al gerente, quien ordenaba meticulosamente unos papeles, acomodaba las tazas en su lugar, clasificaba los libros de la estantería y se preparaba para su ajetreado día de trabajo.

II La Libreta
Una mañana lluviosa, luego de la primera clase del día, algunos estudiantes pasaban sus ratos libres en la cafetería. De entre ellos Isaías, Gabriel y dos de amigos más, conversaban en su mesa sobre las características de la nueva versión de un Sistema Operativo Móvil muy conocido, una nueva canción del grupo japonés ACG, pero Gabriel no se mostraba muy interesado por estos temas alternativos, más bien los consideraba trivialidades. Poco a poco fue quedando vacía la cafetería hasta que quedaron estos cuatro amigos. Repentinamente, uno de ellos vio en el suelo, cerca de la mesa de al lado, una pequeña Libreta. No tenía escrito el nombre del dueño, ni su información de contacto, a pesar de eso, Isaías se ofreció a devolvérselo al dueño. Si, el siempre era así. Gabriel tomo la libreta para echarle una mirada rápida, pues cualquier cosa le parecía más interesante que la conversación de sus amigos. Isaías no podía creer la cara de asombro que tenia Gabriel en ese momento, y la espeluznante sonrisa que adornaba su rostro, mientras pasaba las páginas de la libreta. El fin de semana había llegado, y Gabriel fue a visitar a su amigo Isaías como de costumbre, quien lo recibió con su habitual cordialidad: “Por que llegas tan temprano? Mi casa está hecha un desastre…”. Después de entrar y acomodar un poco, Isaías continuo: “y por qué aun traes esa libreta contigo?”. “Justamente de eso quería hablarte”, afirmo Gabriel más enérgico de lo usual, “Esto es maravilloso! Cuando empecé a leerlo pensé que alguien llevaba aquí sus notas sobre algunos casos criminales, tal vez un periodista o que se yo, pero quede fascinado con estas descripciones tan detalladas y especificas, Mira!”. Isaías le echo un vistazo rápido a la libreta, y mientras más hojeaba las páginas, mas se horrorizaba con lo que leía. Descripciones gráficas bastante grotescas y explicitas, de algunos asesinatos detallados meticulosamente, indicando el lugar y la fecha de los actos mencionados. Cada historia relataba como las victimas aterradas eran lentamente asesinadas, abusadas, desmembradas,  mutiladas. El nivel de detalle en cada historia era tan riguroso que parecían ser narrados directamente por el mismo autor de los hechos.

III El Cadáver
Isaías perplejo por el contenido de la libreta, escuchaba a Gabriel afirmando: “Al parecer es del mismísimo asesino! Llevaba el registro de todos los asesinatos que cometía, y lo encontramos justo en la cafetería frente a la universidad! Es simplemente magnífico!”. Isaías no lograba comprender la excitación de Gabriel respecto a este asunto, y con un poco de escepticismo lo detuvo: “por qué estas tan seguro que es así? Que te hace pensar que esto sea real? Podría ser algún escritor enfermizo creando alguna clase de obra ficticia o algo así”. Gabriel insistía: “También pensé en eso, pero luego investigue algunos crímenes en la red, que concordaban con la descripción, ubicación y fecha de los descritos en la libreta, y en efecto, todos fueron crímenes reales. Tenemos que descubrir de quien es esta libreta, ver qué clase de persona es, bien podría ser un estudiante o algún cliente habitual de la cafetería”. Isaías enojado por la temeridad de su amigo, el cual parecía no comprender el riesgo de lo que estaba planteando, replicó: “Pero qué carajo? Por qué siempre dices esas cosas? Estás loco? Si este realmente fuera el diario de un asesino para que quieres saber quién es?”. “Pues, para devolvérselo…”, dijo Gabriel, sin poder entender la exaltación de su amigo. Días más tarde, en un pueblo cercano llamado Tucupido, en una zona poco habitada, entre un montón de arbustos, justo como lo describía la última historia escrita en la libreta, Gabriel encontró un cadáver. Era el cuerpo muerto de una mujer joven, que había sido arrastrada a este lugar, fuertemente golpeada, violada y luego asesinada, justo como estaba descrito en la libreta.  El asesino, seguidamente ató a la mujer muerta a un árbol y la decoro gentilmente con sus entrañas y algunas hermosas flores aromáticas. La grotesca escena no parecía asustar a Gabriel, mucho menos asombrarle, simplemente se quedo allí parado, contemplando cada detalle de la misma por unos minutos. Pensar que esta mujer estuvo viva, y recrear en su mente, paso a paso la manera en que fue maltratada y asesinada por su agresor, generaba en Gabriel una sensación profunda. Miraba cada detalle, cada marca en su cuerpo, cada herida, y ese fétido olor del cadáver descompuesto no le parecía repulsivo en lo absoluto. Una vez más analizando lo escrito en la libreta, notó que cada asesinato, era cometido con un mes de diferencia, y ya había pasado más de un mes desde que la última historia fuese escrita, por lo que podía sentir cuan ansioso estaba el asesino por escribir su siguiente historia.

IV Perdido
La siguiente semana, Gabriel asiste temprano a la universidad como de costumbre, pero estaba algo tenso y distraído ese día, mirando su reloj y observando la puerta del salón repetidas veces. Isaías nunca llegaba tarde a clases, mucho menos faltaba, debido a eso, le resulto alarmante a Gabriel que ese día, su amigo no apareciera. Su preocupación se hizo evidente cuando todas las llamadas empezaron a caer directamente a la contestadora. Isaías había desaparecido, sin dejar rastro alguno, sin pistas. Gabriel decidió tomarse un momento para pensar donde podría estar su amigo, o qué le habría pasado, y que mejor lugar para pensar, que la tranquila cafetería de en frente. Tras hojear una vez más la libreta de los asesinatos, la insistente mirada del gerente de la cafetería sobre él,  capto su atención. Cuando todos los clientes se habían ido, Gabriel se sentó frente a la barra, muy cerca del gerente, y mirándolo fijamente, le preguntó en un tono muy sereno: “Aun está vivo?”. El gerente parecía no entender de lo que le hablaba, mientras que Gabriel continuaba: “hace días encontré esta libreta en su cafetería…”. El gerente, un poco dudoso, lo interrumpió abruptamente: “nunca lo había visto antes”. Gabriel, dejando ver una ligera sonrisa, retomaba: “Me pareció muy interesante. Ver estas historias escritas con tanta pasión, es simplemente magnifico. Y cuando fui a visitar el lugar de la última víctima, lo que encontré me pareció una magistral pieza de arte”. Sorprendido, el gerente tomo asiento frente a él, mientras Gabriel continuaba: “Realmente, me gustaría encontrarme con este particular autor, para entregarle su libreta. Estoy fascinado por ver que escribirá en su próxima historia”. Tras esta honesta manifestación de admiración, el gerente sonriendo le preguntó: “Eres como yo? Quieres escribir conmigo los próximos capítulos? Tengo un montón de ideas que podríamos…”, antes que éste pudiera culminar su oración, Gabriel continuo su elocuente discurso: “Pero… disfruto mucho mas siendo solo un espectador. Además, hay un asunto que me tiene un poco perturbado. Desde ayer, no logro encontrar a mi amigo, y tengo cierto interés en el, por lo que espero que aun este vivo”. No era preocupación lo que Gabriel sentía por su amigo, no era empatía, era algo más, y el gerente psicópata, lo entendía perfectamente. El sabia lo importante que es para un psicópata como él tener a alguien, sea para atormentarlo rápida, lenta o muy lentamente.

V Chocolate

“Esta en el depósito”, dijo el gerente, “Aun está vivo. Sin mi libreta, no tenía sentido matarlo, necesitaba escribir lo que le haría”. Repentinamente la mirada del gerente cambio, mientras concluía: “Entenderás que si he sido descubierto, tendré que irme muy lejos”. Gabriel lo entendía perfectamente. Más que entender sus palabras, entendía cómo pensaba, lo que sentía. Al obtener su libreta de las frías manos de Gabriel, el agradecido gerente con una sonrisa le pregunto: “puedo hacer algo mas por ti?”. Gabriel con total naturalidad le pidió una última taza de ese rico chocolate caliente, antes que se fuera. Realmente, ese era un muy buen chocolate, con un aroma tan fresco y la mezcla perfecta de amargo y dulce, que le producía variadas sensaciones a cada sorbo y la satisfacción que solo el chocolate caliente puede dar en un día gris. Al terminar su chocolate, el gerente ya se había ido, así que Gabriel fue al cuarto de depósito, a liberar a su cautivo amigo, “Ya se fue... ya todo está bien”, afirmaba Gabriel mientras le retiraba la mordaza. Isaías que aun no entendía por qué el gerente lo había atado y amordazado, estaba histérico y muy enojado. El gerente nunca más fue visto en la ciudad, e Isaías, nunca supo que éste era el dueño de la libreta, y autor de los grotescos asesinatos descritos en ella. Gabriel parecía complacido de haber encontrado vivo a su amigo, y también por su plácida conversación con el asesino. 

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martes, 26 de abril de 2016

Arco II: Cicatrices


I Los Desaparecidos
En su periodo universitario, Isaías se inscribió en el instituto universitario de tecnología de su región, en la carrera de ingeniería en informática. Es una de las pocas opciones que tenía en su ciudad, sin embargo era una de las mejores. Al comenzar, se alegro al ver que algunos de sus nuevos compañeros de clases, también eran viejos compañeros del club de ajedrez. Durante las clases, su mirada recorría todo el salón para ver con detalle a todos sus compañeros de clase, este nuevo primer año. Chicas muy lindas y personajes interesantes parecían sobresalir en el gran salón, sin embargo quedo perplejo cuando al mirar a atrás no estaba otro más que su misterioso amigo Gabriel, quien al parecer no estaba nada interesado en hacer notar su presencia. Durante los recesos, entre los temas recurrentes de los pasillos, deambulaba el rumor de numerosas desapariciones misteriosas que atemorizaban a las personas de la ciudad y áreas vecinas. En los pasillos, entre el aula 20 y 21, se sentaba Isaías con sus amigos a conversar sobre sus intereses, programación, ajedrez, cultura japonesa, música, nuevas tecnologías, tendencias, y este tema de las desapariciones no podría faltar en la conversación. Ese fin de semana en la casa de Isaías, jugaban al Xbox él y otro amigo, mientras que Gabriel esperaba su turno para jugar. Gabriel desplazaba las notificaciones de twitter en su teléfono hasta que encontró algo que capto su total atención, la foto de una chica que había sido secuestrada el día anterior. Repentinamente Gabriel se fue con prisa del lugar e Isaías y su otro amigo, continuaron jugando sus videojuegos, aunque Isaías, quien ya conocía a Gabriel, no dejaba de preguntarse, que estará pasando por la cabeza de ese chico, en que se estaría metiendo ahora.

II Cicatriz
Mientras las desapariciones continuaban, una chica de otra clase, Helena,  mostro cierto interés en Gabriel, y el aura misteriosa que lo rodeaba, pero al ser totalmente ignorada por él, acudió a Isaías, su mejor amigo, para ver qué clase de persona era. Isaías era un joven brillante en las materias prácticas, pero no demostraba mucho interés en las  teóricas. Mientras este pasaba gran parte del tiempo leyendo libros en internet, Gabriel realizaba sus investigaciones sobre las desapariciones, buscaba fotos de las víctimas, detalles de los testigos, noticias. Era un completo obsesivo con respecto a los crímenes de la región. Los días eran bastante rutinarios para estos 3 amigos, en las mañanas iban a clases en su universidad, en las tardes al club de ajedrez de la ciudad, y en las noches, al polideportivo, a trotar un poco. Algunos fines de semana se reunían en la casa de Isaías a jugar en su XBOX, y durante las clases, se reunían en los pasillos para compartir notas sobre el caso en curso. Las desapariciones eran cada vez mas dispersas geográficamente. Las prácticas en el club de ajedrez eran algo aburridas para Isaías los días que Gabriel no iba, y estos días de ausencia se extendían cada vez más, al igual que el número de desapariciones en la zona. Cierto día Helena, la de la otra clase, se acerco a Isaías, diciendo que tenía información importante para su investigación. Mientras Helena contaba rumores sobre un profesor que acosaba a algunas estudiantes de su clase, Gabriel analizaba la extensión geográfica de las desapariciones, y otras características de las víctimas, como rasgos físicos, color de cabello, sitios frecuentados, entre otras. Cuando Helena comento sobre el caso de secuestro de una chica cerca de su casa, Gabriel no pudo evitar preguntarle todo lo que ella pudiera decirle sobre la víctima, pero la información que poseía Helena no parecía de mucha utilidad. La chica desaparecida tenía cabello negro, vivía con su abuela, trabajaba de día, estudiaba de noche y tenía una cicatriz poco visible cerca del hombro. Nada parecía tener mucha importancia, aun así Gabriel se mostro muy interesado en estos detalles. Durante un clásico juego siciliano, Isaías le pregunta a Gabriel en tono sarcástico: “cómo va la investigación? algún progreso? Te ves cansado..”.  A lo que Gabriel, mientras capturaba un caballo, respondió: “no hay muchas pistas, pero ya estoy muy cerca, creo que tengo un sospechoso, y un patrón, solo que aun debo confirmarlo”.  Isaías capturando un alfil: “que harás cuando lo descubras? Tomar una taza de café con él también? Estás loco? Y como puedes estar tan seguro de que tu sospechoso es el asesino?”. Gabriel captura un peón central: “De seguro intentaría matarme. Este no parece tan amigable como para conversar plácidamente”.  Gabriel le explicó a su amigo que faltaría a clases unos días. Isaías no se mostro muy interesado en saber el motivo. Gabriel continuaba: “la chica de la que hablaba Helena, la víctima de acoso, hable con ella”.  Isaías se acerco a preguntarle en forma irónica: “te rindes con el caso de las desapariciones, y ahora tomaras el caso de profesor un acosador?”. Gabriel respondió con rostro inexpresivo: “al igual que la víctima del secuestro reciente, esta chica también… tenía una cicatriz”.

III Fotos
Los días transcurrían con normalidad. Isaías parecía algo aburrido debido a la ausencia de su amigo Gabriel, no disfrutaba las clases de programación que tanto le fascinaban anteriormente, los juegos de ajedrez ya no parecían tan emocionantes, y los videojuegos parecían tan solitarios. Mientras Helena relataba un rumor de cierto profesor, que al parecer era taxista en las noches, Isaías encontraba más interesante el diseño grabado de los marcos de los cuadros colgados en la pared, dentro del club de ajedrez. Repentinamente Gabriel apareció y se sentó frente a Isaías como de costumbre. Isaías estaba molesto por la larga ausencia de Gabriel, y el no responder sus mensajes, quería gritarle pero se contuvo, pues mas fue la curiosidad por  preguntare, y en tono burlista: “algún hallazgo relevante?”. Seguidamente, tras mover un caballo del tablero, Gabriel le conto que irrumpió en la casa de su sospechoso, y encontró bajo su almohada un montón de fotos de mujeres. No del tipo de fotos de mujeres que todos tenemos en nuestras laptop. No, numerosas fotos de mujeres desnudas, en las que solo se veían ciertas partes del cuerpo, y en esas partes, cicatrices. A pesar de buscar minuciosamente, no encontró nada que le indicase que había pasado con estas mujeres, donde estaban, o si seguían vivas. Isaías anonadado le preguntaba: “Encontraste al secuestrador? Cómo? Irrumpiste en su casa? Estás loco? Registraste la casa de un secuestrador? Qué Carajos hombre!?”. Gabriel con total serenidad y su ya típico rostro inexpresivo replico: “te toca mover... Pues sí, ya tenía una idea de quién podría ser, por la amplia extensión geográfica de sus víctimas, deduje que debía ser un taxista o algo así, y tomando en cuenta el hecho de que todas sus víctimas tenían cicatrices en alguna parte del cuerpo, solo necesitaba encontrar algo que lo relacionase con las desapariciones, y al ver las fotos de las cicatrices, parece que lo he encontrado, pero creo que deberíamos observarlo por un tiempo para confirmarlo. No debería ser ningún problema, pues es un profesor my conocido”. Isaías estaba un poco más calmado, pero aun sin palabras por la impresión de la temeridad y perspicacia de su amigo, mas Helena quien estaba también sorprendida, pero inmersa en la narración de Gabriel, mostro su total apoyo: “y que harás al confirmarlo? ...y …y ya sabes de qué universidad es él?”. A lo que Gabriel afirmo con una alegre sonrisa: “si, la nuestra”.

IV la Trampa
Gabriel iba a clases sin falta todos los días, lo que tenía un poco contento a Isaías, y en ocasiones se acercaban al salón de Helena a hablar con ella sobre la investigación, ya que ella era muy buena para obtener información de los pasillos, y recopilar rumores e historias en su libreta. Helena estaba muy emocionada pues por primera vez se sentía parte de algo, se sentía útil, Isaías ya estaba acostumbrado a esta misteriosa faceta de Gabriel, y se sentía más cómodo al tener a otra persona más en el grupo.
Cierto día Gabriel anuncio a los otros dos que ya tenían suficiente información sobre el secuestrador y debían tenderle una trampa, descubrirlo en el propio acto y tomarle una foto que sirva como prueba para llevarlo a las autoridades. Mientras que Helena no dejaba de preguntarse qué clase de plan tendría en mente Gabriel para descubrir a el secuestrador infraganti, y más aun fotografiarlo en el momento sin ser descubiertos, Isaías empezó a alterarse un poco: “Estas loco? Como le vamos a tender una trampa a un secuestrador? Podría matarnos! Además como harás para saber donde atacara esta vez? Y que harás cuando lo haga? Tomar una foto y ya? Dejarías que la victima sea secuestrada y asesinada? Y no estás pensando en que nos pondrías en peligro a mí y a Helena?”. Gabriel haciendo caso omiso de las acertadas preguntas de su amigo, y a la cara de asombro de Helena, su inexpresivo rostro dejo ver una ligera sonrisa mientras se despedía: “lo haremos mañana”.

V El llavero de la suerte
Aterrado por no saber lo que haría Gabriel, Isaías se quedo hablando con Helena, pero ella estaba más cautivada por la determinación de Gabriel, y ligeramente distraída pues notó que había perdido su llavero de la suerte con su nombre grabado en él. Helena buscaba su llavero por todos los sitios que conocía, su casa, la universidad, pero no tuvo mucho éxito en su búsqueda. Al día siguiente, tras conversar brevemente con Gabriel, entro a su clase y se sentó en la última fila como de costumbre, y a pesar de ser la más brillante de la clase, su profesor estaba ligeramente molesto con ella ese día y le pidió que se quedara después de clases, pues debía hablar algo seriamente con ella. Mientras sus curiosos  compañeros de clase se mostraban sorprendidos por la actitud de su profesor hacia ella, Helena no dejaba de pensar: “Carajo! Primero el llavero y ahora esto! Definitivamente este no es mi día”. Mientras tanto, Gabriel e Isaías tenían una conversación poco común en los pasillos. A pesar de que Gabriel siempre se había mostrado frio e insensible, algo parecía diferente ese día: “pensé en lo que dijiste ayer, no considere que podría ponerlos en peligro a ti y Helena, así que decidí hacerlo de otra manera”. Isaías asombrado, al ver por primera vez, lo que parecía ser un intento de disculpa, saliendo de la boca avergonzada de Gabriel, interrumpió su elocuente discurso, para preguntarle sobre que había hablado con Helena esa mañana.
Al culminar la clase de ese día, una vez que salieron del salón todos los compañeros de Helena, excepto ella, el profesor cerró la puerta, y camino hasta la última fila donde estaba ella, se paro frente a ella y la observo detenidamente con una espeluznante mirada, que no hacía más que aterrar a Helena hasta revolver su estomago. Mientras su corazón latía fuerte y frenéticamente, hasta sentir como si estuviera a punto de salirle por el pecho, Helena pensó que en ese momento sería otra víctima del vulgar acoso de su profesor. Mas dejó ver su cara de asombro cuando éste le dijo a ella: “Devuélvemelas! Devuélvemelas, se que has sido tú!”. Helena sin entender una sola palabra de lo que decía su profesor: “Devolverle qué? Que he hecho yo?”. El profesor se enfureció en gran manera y con un rostro aterrador comenzó a patear las demás sillas gritando: “No me jodas! Sé que fuiste tú! Dime donde están!”. El terror se apodero de Helena de manera que su voz ya no salía, su cuerpo tembloroso ya no respondía, ni siquiera había notado que se había hecho pis encima, dejo escapar un par de lagrimas, y no dejaba de mirar las grotescas manifestaciones de ira de su profesor, que repentinamente se detuvo a afirmar: “Oh Si, se que fuiste tú.  Anoche llegue a mi casa y vi la ventana rota, pensé que me habían robado, pero nada faltaba, mi dinero, mi laptop, todo estaba en su lugar, hasta que vi bajo mi almohada y las fotos no estaban. Pensé que alguien me había descubierto y que llegaría la policía en cualquier momento pero no fue así. No dormí en toda la puta noche cruzando de un lado de la casa al otro hasta que encontré esto!”. La aterrada mirada de helena, fija en la sonrisa macabra de su profesor, se movió lentamente hasta el objeto que él sostenía en su mano en ese momento. Era el llavero perdido de Helena con su nombre grabado.

VI La Llamada

“Ahora Dámelas! O te matare aquí mismo!”, gritaba el maniático, “Devuélveme las fotos que me robaste!”. Helena quedó congelada, pues su mente quedo atrapada en un dilema que no lograba entender. Parecía como si el tiempo se hubiera detenido mientras que ella solo pensaba: “voy a morir? como es que él tiene mi llavero? Va a matarme? Dijo que lo encontró en su casa anoche? El es el asesino? Que hacia mi llavero allí? Le robaron las fotos? De que hablo Gabriel conmigo esta mañana? Gabriel, donde estas? Gabriel?”. En el salón de al lado, Gabriel miraba repetidamente su reloj, mientras que Isaías se mostraba tan aburrido por la clase teórica, que le parecía más interesante el diseño grabado en el reloj de su amigo. Gabriel repentinamente hizo una breve llamada en voz muy baja para que su profesora no lo notara, e Isaías lo entendía. Si que era aburrida esa clase de formación crítica. Helena por otro lado, por fin logro gritar luego que su profesor la tomara por el cabello y la arrestase por el piso. Desafortunadamente nadie la escuchaba, pues solo estaban ellos dos en el salón de al lado, y ningún ruido escapaba mientras la puerta se mantuviera cerrada. Mientras sus gritos eran ahogados por la áspera mano del psicópata, recordó que había guardado en su bolso un regalo que le había dado Gabriel esa mañana, y desesperadamente intentaba alcanzar el bolso con los pies antes de morir asfixiada. Poco a poco su visión se nublaba por la falta de oxigeno, un pitido ensordecedor no la dejaba oír las enfermizas palabras del asesino, y lentamente un hormigueo comenzó a recorrer su cuerpo entero. Sus manos intentaban detener la constricción de los fuertes brazos de su atacante sin mucho éxito mientras pateaba violentamente la silla donde estaba su bolso. Cuando logro asestarle una patada al bolso, el contenido de éste quedo regado por el piso, y cuando estuvo a punto de perder el conocimiento, su mano se topó con el aerosol que su amigo le había obsequiado esa mañana. En ese momento recordó claramente a Gabriel con su gentil sonrisa diciendo: “Algún día podría serte útil”. Sin pensarlo dos veces roció el aerosol de pimienta en los ojos de su atacante, quien gritando de dolor la liberó y se revolcaba en el piso. Cuando por fin, Helena logró recobrar el aliento, al ver a su profesor retorciéndose de dolor en el piso, corrió hasta la puerta y logro salir del salón gritando y llorando. Estaba tan aterrada que no podía parar de correr. Cuando algunos  profesores y estudiantes se acercaron al salón de donde había salido la histérica chica, todos vieron únicamente al profesor de su clase quien se retorcía en el piso gritando: “La matare! La matare!”. Luego de eso llegaron las autoridades debido a una llamada anónima y arrestaron el criminal sin hacer preguntas, el cual confesó haber sido el autor de la desaparición y muerte de las chicas de las fotos, y su extraño fetiche hacia las cicatrices. Luego de eso, debido al trauma psicológico, Helena no volvió a asistir a la universidad, nunca más contactó a sus dos amigos y no volvieron a saber de ella. Las desapariciones cesaron, y nunca se supo quien envió el sobre con las fotos a la policía, ni quien realizo la llamada anónima indicando el lugar y la hora en que ocurría el delito. Isaías parecía muy sorprendido por lo sucedido, y no lograba comprender el por qué Gabriel se mostraba extrañamente satisfecho. 


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lunes, 25 de abril de 2016

Arco I: Los suicidas

Isaías conoce a Gabriel
Durante las vacaciones de verano, antes de comenzar la Universidad, en un curso vacacional de ajedrez, Isaías, conoce a Gabriel, un chico promedio algo misterioso, de piel pálida, y cabello negro azabache, bastante callado, pero extrañamente gentil. Al conocerlo un poco más le pareció una persona agradable. Un día Gabriel invito a Isaías a su casa, para conocer un poco más sobre él. Una casa promedio de familia promedio, con una enorme biblioteca repleta de libros. Sus padres estaban de viaje por las vacaciones, y el prefirió quedarse, pues disfrutaba más de la soledad. Durante un partido de ping pon, entre risas y bromas, repentinamente Gabriel centro su atención en la vieja radio:”..Otro suicidio ha ocurrido en la ciudad..”. Gabriel le explico su atracción por los misterios y que le gusta hacer investigaciones en su tiempo libre, como un detective. Claro, es una afición típica para chicos de esa edad.

I El caso de los suicidas
Gabriel le explica a su amigo, su fascinación por una reciente oleada de suicidios ocurridos en su ciudad. Isaías no logra entender esta fascinación, es más, no había notado el asunto de los suicidios hasta ese día. Gabriel explica que durante el final del año 1999 muchas sectas religiosas, y grupos fanáticos, pensaban que el mundo acabaría antes que empezara el nuevo año, nuevo siglo, nuevo milenio. Debido a esta ansiedad colectiva, mucha gente se dejo llevar y saco lo perverso de sus corazones, asesinatos múltiples, masacres y por supuesto, suicidios masivos. Otro caso similar ocurrió el 6 de junio del 2006, mucha gente también pensó que el mundo terminaría pues la fecha era 06-06-06, y debido a la sicosfera creada, muchos cometieron horrendos crímenes, masacres, y suicidios masivos, y finalmente, al llegar el 2012, debido a las supersticiones, y confundidos por el calendario maya, se decía que el mundo acabaría el 12 de diciembre del 2012, y por supuesto, no fue así, sin embargo, ocurrió lo mismo que las veces pasadas. Pues ahora se alzaba nuevamente esta cifra de suicidios pero esta vez había algo diferente, no había rumores del fin del mundo, y se limitaba nuestra ciudad y algunas regiones vecinas. Esto indicaba que no eran simples suicidios, algo más grande estaba detrás de todo esto, algo oscuro, algo que captaba la atención de Gabriel. Durante las clases de ajedrez vacacionales, Gabriel parecía un poco distraído, Isaías le preguntaba en que estaba pensando, si era una chica, o un chico, o era un asunto familiar. Gabriel siempre fue muy reservado, pero le explico su análisis sobre el caso, como uno de asesinatos múltiples y el por qué esto llamaba tanto su atención, y para calmar esta ansiedad debía verlo, debía saberlo, debía entenderlo.

II La escena del crimen.
Un alboroto en una casa cercana a la de Isaías llamo su atención, Gabriel estaba con él, así que ambos detuvieron su juego en PC y salieron a ver de qué se trataba. Había ocurrido un nuevo suicidio, en una casa cercana, era una chica muy bonita y muy alegre, y muy bien vestida, al parecer iba a salir la noche anterior a un evento social, se arreglo muy bien pero no salió, solo se encerró en su cuarto, y amaneció muerta. Estaban algunos vecinos en el lugar junto con algunos familiares que vivían con ella, y todos estaban tristes y consternados por lo que había pasado. Isaías no encontraba que palabras decirles, no sabía que expresarle a alguien que acaba de perder una hija, pero Gabriel, prácticamente los ignoro a todos, miraba maravillado a la chica muerta, miraba su cuarto, su peinadora, cada detalle, cada libro, y por supuesto a la chica. Sin acercarse mucho a ella, no dejaba de mirarla, caminaba para tener otro ángulo y observar cada detalle posible en la chica. Luego llego la policía y una ambulancia se llevo a la chica, y mientras la policía comenzaba a interrogar a los presentes, Gabriel e Isaías regresamos a su casa antes que los interrogaran también. Al llegar volvieron al cuarto de Isaías, y aun sin palabras y con manos temblorosas este miro a Gabriel quien sonreía mientras preguntaba: “¿lo viste? ¿Lo entiendes?”. Debido al shock Isaías no pudo pronunciar palabra alguna, mas aun así, Gabriel continuo: “No son suicidios! Lo sabia!”. Isaías replico: “qué carajo!? Acabamos de ver a mi vecina muerta! Era una chica muy alegre y ahora está muerta! Se quito la vida! Como puede eso emocionarte tanto!?”. Pero Gabriel insistía: “no! No lo entiendes? Tu lo has dicho! Era una chica muy alegre, mira como vestía! También era muy hermosa por lo que pude ver, y más aun estaba muy bien arreglada. Si te vas a matar no te preocupas por esas cosas, solo lo haces y ya.. Esto es diferente, nada indica que realmente quería suicidarse, mas aun viste su cuarto? Todo estaba ordenado, tenia libros al lado de su cama, su ropa estaba recién lavada y todo su cuarto estaba limpio. Solo eché una mirada, pero nadie que piense en suicidarse lavaría su ropa o limpiaría su cuarto. ¿Para qué? si no lo usara más? No tiene sentido, por lo que esto, no fue un suicidio, o al menos no planificado, y si lo conectamos con los ya ocurridos en la región, podría ser, que lo que sea que ocasione todo esto, es algo que las víctimas, incluyendo a la chica, tenían en común! Solo hay que investigar un poco a las víctimas a ver que tenían ellas en común! Es magnífico! estoy cada vez más cerca. Y ocurrió cerca de aquí! es casi como una señal.” cara de alegría que tenia Gabriel ese día quedo grabada en la mente de Isaías, y el contraste con los lamentos de los familiares de la chica muerta.

III El Polideportivo
Días más tarde, durante el curso de ajedrez, Isaías decidió ir a comprar un par de zapatos deportivos. Gabriel no había ido más a las clases de ajedrez. No le había escrito mas a Isaías, y por supuesto, Isaías no quería verlo más. Le pareció enfermiza su obsesión con los suicidios y su falta de empatía el día de la muerte de la chica. Esa noche Isaías recibió un mensaje de Gabriel: “mañana iré a hacer algo de ejercicio, quieres acompañarme?”. Isaías comenzó alterarse: “Se entero que compre un par de zapatos deportivos? Cómo? Me está espiando? O solo coincidencia? Y por qué me escribió solo para decirme eso? Ni siquiera “hola”, o “discúlpame por actuar como un sicópata aquel día”, que Carajos?”. Isaías intento ser cortante en su respuesta, pero Gabriel pareció no notarlo: “te veré ahí entonces ;)”. En su ciudad hay un lugar parecido a un estadio llamado el Polideportivo. Es un lugar muy concurrido por personas de todas las edades, donde solo se va a caminar. La mayor fluencia de personas es de 4pm a 8pm. Normalmente a las 5pm hay un montón de personas caminando y trotando en la pista de ese lugar. Es un buen sitio para caminar, pensar, distraerse, y ver chicas en leggins. Al encontrarse Isaías con Gabriel no hubo más que un enorme silencio. Isaías no sabía que decirle, y no tenía ganas de hablarle tampoco, Gabriel simplemente no es del tipo conversador, y además parecía algo distraído. A la media hora Isaías pregunto en tono sarcástico:”tiempo sin verte, cómo va la investigación?”. Gabriel con su sonrisa gentil: “excelente, estoy bastante cerca, encontré muchos patrones en común entre las víctimas pero lo único realmente sobresaliente es que todas venían a aquí :D”. Isaías se enojo en gran manera pues, había creído que solo venían a trotar un poco. Pero disimulo su enojo y pregunto ásperamente: “entonces para eso vinimos? Para que pudieras continuar tu investigación?”. “Tú eres mi amigo, no me siento tan solo si vienes conmigo”, expreso Gabriel sonriendo gentilmente, “y ya he venido días atrás, para cerciorarme que no había riesgo alguno antes de traerte conmigo”. Isaías se mostro escéptico ante esta repentina preocupación que mostraba Gabriel por él. Luego de largos e incómodos silencios, caminando en círculos, por minutos al igual que muchas personas en ese lugar, Gabriel indica seriamente: “lo que sea que haya hecho que las victimas cometieran esos suicidios, está aquí, lo que sea que les haya pasado, lo que sea que les haya ocurrido, fue aquí, solo que no logro dar con ello”. Isaías irónicamente: “tal vez sea algún observador silencioso, que acecha sus víctimas, las sigue y luego las obliga a suicidarse”. Gabriel miro a Isaías sorprendido: “estaba pensando justamente lo mismo”. Tal vez es la primera vez que Gabriel mostraba esa mirada de sorpresa. En las gradas había algunos observadores, pero ninguno lucia fuera de lo común, y entre las personas que trotaban y caminaban, no había alguna característica  resaltante. Isaías y Gabriel fueron cada día luego de las clases de ajedrez a ese lugar. Otro caso de suicidio fue mencionado en la radio, esta vez un hombre, fue encontrado en su cuarto de baño. Según los diarios, llego de ejercitarse la noche anterior, se iba a duchar, y lo hallaron muerto al día siguiente. Posteriormente, se encontraban trotando Isaías y Gabriel como ya era de costumbre para ellos, de repente Gabriel decidió parar e ir a sentarse un momento en las gradas. Isaías continúo dando sus ya rutinarias 15 vueltas de 500 metros en una hora y luego se fue a sentar junto a Gabriel. ”Te cansaste bastante rápido hoy” dijo Isaías. Gabriel respondió súbitamente mirando a los corredores, dejando a Isaías perplejo, confundido y muy intrigado con esas palabras: “tiene que ser ella”.

IV Jugando al Detective
La mente de Isaías se nublo de preguntas sin responder “Que? Encontró al asesino? Cómo? Cuando? ¿Que Que?”. Isaías escéptico: “deja de bromear, como lo vas a encontrar tan rápido? Basado en qué?”. Gabriel miro a Isaías como si fuera muy obvio, pero en lugar de explicar su profundo razonamiento, le dijo: “vamos a seguirla”. Isaías, aterrado por la idea de convertirse repentinamente en un acosador, cuestiono insistentemente a Gabriel pero este le daba poca importancia en ese momento. Por alguna razón Isaías no podía dejar de seguir a Gabriel. Mientras Gabriel trataba de entender la mente del criminal, sus motivos y la manera que utiliza para matar, Isaías intenta entender qué carajo pasa por la mente de Gabriel? por qué es tan temerario? Por qué está tan seguro? Siguieron a esa misteriosa chica, desde una distancia prudente, que entro a un mercado a comprar algo de tomar. Entraron Isaías y Gabriel también. No debería ser alarmante para la chica, pues muchos corredores tomaban ese camino para regresar a sus casas. Luego de eso continuaron siguiendo a la chica un largo camino hasta que entro a una casa a 6 calles del polideportivo. Gabriel afirmaba: “no vive tan lejos”. Isaías aterrado replicaba: “que dices? Ni siquiera sé donde estamos. Ya sabes donde vive, como querías ¿no? ya deberíamos volver”. Gabriel haciendo caso omiso a su amigo, no desviaba la mirada de la casa de la chica mientras se acercaban cada vez más. Isaías intentaba convencer a Gabriel de regresar, pero no tuvo éxito alguno, más bien Gabriel parecía cada vez más interesado en la chica. Finalmente llegados a la casa de la chica, Isaías pregunta en tono sarcástico: “y ahora que harás, vas a tocar y preguntarle “¿oye tu, eres la causante de las muertes de los suicidas?”, y aun si lo fuera no creo que te lo confiese a ti, tal vez sea capaz de matarnos, aunque dudo mucho que sea la asesina. Más bien podría demandarnos por acosadores, por seguirla hasta su casa”. Gabriel parado frente a la puerta y sin desviar la mirada: “no huele a café?”. Isaías se enojo nuevamente: “qué? Me estas escuchando? Que carajos te pasa? Sabes qué? hasta aquí llegue yo. Me voy! No me involucrare en lo que se que estés a punto de hacer. Estas solo en esto amigo”. Isaías se regreso caminando sobre sus pasos cuando repentinamente una chica caminando muy rápido detrás de él lo tropieza. Alterado le grita: “ahora que!?” la chica asustada lo mira y le dice: “lo siento señor”, y se va corriendo. Isaías avergonzado la llama: “no! yo lo siento, no era mi intención gritarte así, pensé que eras alguien más”. Pero no logro alcanzar a la chica pues estaba cansado por sus 15 vueltas de 500 metros de hace un rato. “Rayos! Ese idiota me hizo quedar mal -.-” pensaba Isaías. Un grito desgarrador salió de la casa donde se había quedado Gabriel hace un momento y se regreso a buscarlo, pero este ya no estaba. Toco la puerta enérgicamente preguntando “que pasa!?”, pensó “carajo! Que habrá hecho Gabriel ahora!?”. Al momento la puerta se abrió y una mujer cayó en sus brazos llorando: “mi hija, mi hija, por qué, era tan joven, mi hija!” Isaías pensaba: “qué carajos!” mientras entraba para acomodar a la mujer y al recorrer los cuartos de la vieja casa encontró a la chica que habían seguido hace un rato, sobre un charco de sangre, sus muñecas cortadas profundamente, y su madre llorando sin fuerzas en la sala. La chica ya no respiraba, Isaías le pidió el teléfono a la madre pues él no tenía el suyo consigo, llamo a una ambulancia, pero al llegar ya era muy tarde y la chica había muerto, y Gabriel había desaparecido.

V Conociendo al asesino
Isaías paso noches sin dormir y cuando dormía tenia pesadillas, sobre la chica que murió desangrada en sus brazos, sobre el hecho que Gabriel había desaparecido ese día, y sobre lo confuso que era todo: “Gabriel dijo que esa chica era la asesina? No, solo dijo que debía ser ella. Tal vez quiso decir que sería la próxima víctima. Pero como lo supo? Y más importante porque desapareció? Si ese día él era el más interesado en esa chica? El fue el que me llevo a esa casa, y él fue el que se quedo allí mientras yo me iba. Algo muy extraño está pasando y parece que Gabriel está involucrado en todo esto”. Isaías le envió mensajes a Gabriel exigiéndole saber donde estaba, y una explicación de lo que había pasado, pero Gabriel no respondía. Días más tarde Gabriel fue a las clases de ajedrez y se sentó frente a Isaías como si nada hubiese pasado. Isaías tenía tantas preguntas que hacerle y estaba tan molesto, pero se contuvo. No encontraba por dónde empezar. Gabriel mueve un peón y le dice mostrando su sonrisa gentil: “esta tarde iré a ver a alguien, queras acompañarme?”. Isaías movió un peón y resoplo: “que carajos! Para que me mates también?”. Gabriel movió un caballo: “pensé que te habías ido ese día. Si hubiera sabido que seguías allí, me fuera quedado un rato mas”. Isaías moviendo el otro caballo: “y donde has estado? Que fue lo que realmente paso allí? No pudiste responderme un puto mensaje?”. Gabriel movió un alfil: “perdí el cargador de mi teléfono, no he podido usarlo en días”. Isaías moviendo un peón: “Carajo! Y a quien vas a ver? Por qué debo ir contigo?”. Gabriel retirando su alfil: “alguien que conocí ayer, me invito un café pero, estaría mas cómodo si vas conmigo”. Tras entablar un clásico juego español, sin cruzar más palabras, se fueron a esta misteriosa cita. Al llegar, a una hermosa casa grande, adornada de arbustos, Gabriel toco la puerta, y se paro con su típico rostro inexpresivo frente a ella, mientras Isaías trataba de entender por qué aun seguía a Gabriel a donde este le decía, porque le costaba tanto alejarse de él. Tras una corta espera una chica muy linda y no muy alta abrió la puerta: “oh eres tú, pasen”. Sentados en la sala de estar Gabriel miraba a esta chica fijamente con su rostro inexpresivo, mientras la chica sonreía e Isaías no podría sentirse más incomodo con toda esta situación. El silencio se rompió súbitamente cuando luego de un sorbo de esa riquísima taza de café Isaías pregunto: “y como se conocieron?”. Ella miro a Gabriel y Gabriel respondió: “Tenia tiempo queriendo conocerla, y ayer simplemente me acerque a decírselo. Ella fue muy receptiva y hasta me invito a su casa hoy por un café”. La chica continuo la historia: “no todos los días se te acerca un extraño a decirte que tiene mucho tiempo queriendo conocerte, jejeje :3 ”. Isaías pensaba que era chica muy adorable, mientras la miraba, y le parecía extraño que Gabriel muestre interés repentinamente en una chica, cuando ya hacía meses que lo conocía y no parecía interesarle nadie en absoluto. Al cabo de un rato, Gabriel, como si no hubiera nadie más en la sala: “Como lo haces? desde cuándo? Que te motiva?”. Isaías de pronto quedo a la deriva, pues no entendía que rumbo había tomado esta conversación. La chica respondió muy risueña: “es muy fácil, para una chica tan linda como yo, es bastante fácil acercarme a los demás y ganarme rápidamente su confianza”. Mientras Isaías no entendía de que hablaban, la chica continuó: “llevo tiempo haciéndolo, y lo que me motiva pues, no lo sé… que puedo hacerlo, que es muy fácil”. Isaías mirando a Gabriel tratando de obtener una explicación sobre esta extraña conversación, cuando empezó a notar que Gabriel estaba más serio de lo habitual, no estaba tenso, estaba mas bien, atento, curioso hacia esta chica, y lo ella decía. La chica continuaba: “simplemente hago que me lleven a donde se sientan mas cómodos, luego les ofrezco una taza de café con algo fuerte para dormir, o simplemente los sorprendo con un pañuelo impregnado en cloroformo, es un truco viejo pero valla que funciona, jijiji y cuando caen desmayados, lo hago y me voy. Sin rastro, y como un suicidio común :3”. Isaías se puso pálido y no dejaba de repetir en su cabeza “una taza de café con algo fuerte?”. La chica vio a Isaías y soltó una risa divertida. En ese instante Isaías recordó a la chica que lo tropezó aquel día, era la misma chica que en ese momento tenia frente a él, con esa sínica sonrisa. Todo el cuerpo se le entumecía y un frio recorría su columna desde la parte de abajo hasta la parte de atrás de la cabeza. Gabriel sin inmutarse continuaba: “solo por diversión?”. A lo que la chica replico: “ver los cuerpos muertos, y luego escuchar las noticias y pensar que yo soy la autora de todo eso realmente me hace estremecer, ni el sexo me da una mejor sensación que ésta”. Isaías se paró de su silla con movimientos algo grotescos, estaba en shock y en pánico, sentía que Gabriel lo había traído a la cueva del lobo feroz. Sentía que debía salir de allí corriendo pero sus piernas ya no respondían. El miedo se había apoderado de él, mientras la chica reía y Gabriel lo miraba con una actitud tan calmada, como si estuviera a gusto, mientras compartía una taza de café con una asesina serial.

VI La risueña psicópata

Isaías estaba aterrado mientras que Gabriel conversaba plácidamente con la risueña psicópata. “Por qué no nos has drogado a nosotros?”, pregunto Gabriel, “por qué no has intentado matarnos?”. La chica con su tierna sonrisa: “realmente me sorprendiste cuando me interceptaste aquella tarde y me dijiste muy fríamente: “sé que eres la asesina”. No pude entender como me descubriste, pero si lo sabías, y no hiciste nada al respecto, supongo que no eres una amenaza para mí. No sé si pueda considerarte un aliado, más bien sentí el deseo de conocerte. Veras, no tengo muchos amigos, menos alguien con quien pueda compartir mis historias, realmente me sentía sola, pero vi en ti la posibilidad de poder contarle mi historia a alguien sin ser juzgada”. Isaías completamente aterrado recobro un poco la compostura y retomo su asiento para pensar en una manera de huir de esta situación. Gabriel interesado en las palabras de la chica: “ciertamente, no tengo interés en juzgarte o acusarte de nada. Simplemente quería conocerte y entenderte.. Pero, al parecer estás vacía. Has matado a todas esas personas solo porque podías? Esa es tu única razón? Me siento un poco decepcionado”, decía Gabriel inexpresivamente mientras le daba otro sorbo a su taza de café. “Pero este es un muy buen café, debo decir. Veo que mi amigo no se siente muy bien. Creo que lo acompañare a tomar un taxi”. Luego de eso Isaías volvió a su casa y Gabriel se quedo platicando con la asesina por el resto de la noche. Isaías nunca supo de qué hablaron esa noche, pero lo cierto, es que desde ese día, no volvieron a haber casos de suicidios similares reportados en su región. Días más tarde, Isaías recibía mensajes de Gabriel: “el curso de ajedrez es algo aburrido sin ti”. Isaías no respondía los mensajes. Isaías ya no salía de su cuarto, mientras asimilaba el terror de haber conocido personalmente a una asesina serial. Pero al cabo de un mes, poco antes de comenzar las clases en la universidad, Isaías fue a ver a Gabriel a su casa, y jugaron ping pon toda la tarde como si nada hubiera pasado, sin mediar muchas palabras. El semblante de Isaías era bastante sereno, mientras que el de Gabriel se veía algo desmotivado y pensativo. Como si lamentara que los suicidios hubiesen acabado.

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