I La Cafetería
La
llegada de la temporada más fría del año, el invierno, era anunciada por un
cielo gris que no dejaba escapar ni un rayo de sol a la tierra, y
ocasionalmente, cubría los techos de las casas de la ciudad con su rocío. Nada
más reconfortante para combatir el frio de los días lluviosos, que tomar una
rica taza de café, en la nueva cafetería que abría sus puertas frente a la
universidad. La cafetería “Dolce Amaro”
era un lugar cálido y acogedor, tenía diseños amaderados en las paredes y
muebles minimalistas, contaba con una estantería de repleta de libros variados
para los clientes, y un muy buen café de granos importados que no lo había en
otro lugar. Diariamente los estudiantes de la universidad visitaban la
cafetería durante sus ratos libres entre clases, para leer un bien libro,
repasar sus notas, y por supuesto, degustar un poco de este maravilloso café.
Todas las mañanas llegaba el gerente muy temprano a abrir las puertas de la
cafetería para sus jóvenes clientes. Cierto día mientras llegaba el transporte
matutino a la universidad, luego de hacer su largo recorrido por la ciudad en
busca de estudiantes Isaías pudo notar la mirada curiosa de Gabriel sobre el
gerente que abría las puertas de su cafetería, esa mañana. Isaías al ver el
interés de su amigo por la cafetería, le convido un café antes de entrar a
clases. Estaba muy temprano aun, por lo que ellos dos eran los únicos clientes
en ese momento. Mientras Isaías le daba una probada a su reconfortante café
late, Gabriel miraba escéptico al gerente, quien ordenaba meticulosamente unos
papeles, acomodaba las tazas en su lugar, clasificaba los libros de la
estantería y se preparaba para su ajetreado día de trabajo.
II La Libreta
Una mañana lluviosa, luego de la primera
clase del día, algunos estudiantes pasaban sus ratos libres en la cafetería. De
entre ellos Isaías, Gabriel y dos de amigos más, conversaban en su mesa sobre
las características de la nueva versión de un Sistema Operativo Móvil muy
conocido, una nueva canción del grupo japonés ACG, pero Gabriel no se mostraba
muy interesado por estos temas alternativos, más bien los consideraba
trivialidades. Poco a poco fue quedando vacía la cafetería hasta que quedaron
estos cuatro amigos. Repentinamente, uno de ellos vio en el suelo, cerca de la
mesa de al lado, una pequeña Libreta. No tenía escrito el nombre del dueño, ni
su información de contacto, a pesar de eso, Isaías se ofreció a devolvérselo al
dueño. Si, el siempre era así. Gabriel tomo la libreta para echarle una mirada
rápida, pues cualquier cosa le parecía más interesante que la conversación de
sus amigos. Isaías no podía creer la cara de asombro que tenia Gabriel en ese
momento, y la espeluznante sonrisa que adornaba su rostro, mientras pasaba las
páginas de la libreta. El fin de semana había llegado, y Gabriel fue a visitar
a su amigo Isaías como de costumbre, quien lo recibió con su habitual
cordialidad: “Por que llegas tan
temprano? Mi casa está hecha un desastre…”. Después de entrar y acomodar un
poco, Isaías continuo: “y por qué aun
traes esa libreta contigo?”. “Justamente
de eso quería hablarte”, afirmo Gabriel más enérgico de lo usual, “Esto es maravilloso! Cuando empecé a leerlo
pensé que alguien llevaba aquí sus notas sobre algunos casos criminales, tal
vez un periodista o que se yo, pero quede fascinado con estas descripciones tan
detalladas y especificas, Mira!”. Isaías le echo un vistazo rápido a la
libreta, y mientras más hojeaba las páginas, mas se horrorizaba con lo que
leía. Descripciones gráficas bastante grotescas y explicitas, de algunos
asesinatos detallados meticulosamente, indicando el lugar y la fecha de los
actos mencionados. Cada historia relataba como las victimas aterradas eran
lentamente asesinadas, abusadas, desmembradas,
mutiladas. El nivel de detalle en cada historia era tan riguroso que
parecían ser narrados directamente por el mismo autor de los hechos.
III El Cadáver
Isaías
perplejo por el contenido de la libreta, escuchaba a Gabriel afirmando: “Al parecer es del mismísimo asesino!
Llevaba el registro de todos los asesinatos que cometía, y lo encontramos justo
en la cafetería frente a la universidad! Es simplemente magnífico!”. Isaías
no lograba comprender la excitación de Gabriel respecto a este asunto, y con un
poco de escepticismo lo detuvo: “por qué
estas tan seguro que es así? Que te hace pensar que esto sea real? Podría ser
algún escritor enfermizo creando alguna clase de obra ficticia o algo así”.
Gabriel insistía: “También pensé en eso,
pero luego investigue algunos crímenes en la red, que concordaban con la
descripción, ubicación y fecha de los descritos en la libreta, y en efecto,
todos fueron crímenes reales. Tenemos que descubrir de quien es esta libreta,
ver qué clase de persona es, bien podría ser un estudiante o algún cliente
habitual de la cafetería”. Isaías enojado por la temeridad de su amigo, el
cual parecía no comprender el riesgo de lo que estaba planteando, replicó: “Pero qué carajo? Por qué siempre dices esas
cosas? Estás loco? Si este realmente fuera el diario de un asesino para que
quieres saber quién es?”. “Pues, para
devolvérselo…”, dijo Gabriel, sin poder entender la exaltación de su amigo.
Días más tarde, en un pueblo cercano llamado Tucupido, en una zona poco
habitada, entre un montón de arbustos, justo como lo describía la última historia
escrita en la libreta, Gabriel encontró un cadáver. Era el cuerpo muerto de una
mujer joven, que había sido arrastrada a este lugar, fuertemente golpeada,
violada y luego asesinada, justo como estaba descrito en la libreta. El asesino, seguidamente ató a la mujer muerta
a un árbol y la decoro gentilmente con sus entrañas y algunas hermosas flores aromáticas.
La grotesca escena no parecía asustar a Gabriel, mucho menos asombrarle,
simplemente se quedo allí parado, contemplando cada detalle de la misma por
unos minutos. Pensar que esta mujer estuvo viva, y recrear en su mente, paso a
paso la manera en que fue maltratada y asesinada por su agresor, generaba en Gabriel
una sensación profunda. Miraba cada detalle, cada marca en su cuerpo, cada
herida, y ese fétido olor del cadáver descompuesto no le parecía repulsivo en
lo absoluto. Una vez más analizando lo escrito en la libreta, notó que cada
asesinato, era cometido con un mes de diferencia, y ya había pasado más de un
mes desde que la última historia fuese escrita, por lo que podía sentir cuan
ansioso estaba el asesino por escribir su siguiente historia.
IV Perdido
La
siguiente semana, Gabriel asiste temprano a la universidad como de costumbre,
pero estaba algo tenso y distraído ese día, mirando su reloj y observando la
puerta del salón repetidas veces. Isaías nunca llegaba tarde a clases, mucho
menos faltaba, debido a eso, le resulto alarmante a Gabriel que ese día, su amigo
no apareciera. Su preocupación se hizo evidente cuando todas las llamadas empezaron
a caer directamente a la contestadora. Isaías había desaparecido, sin dejar
rastro alguno, sin pistas. Gabriel decidió tomarse un momento para pensar donde
podría estar su amigo, o qué le habría pasado, y que mejor lugar para pensar,
que la tranquila cafetería de en frente. Tras hojear una vez más la libreta de
los asesinatos, la insistente mirada del gerente de la cafetería sobre él, capto su atención. Cuando todos los clientes
se habían ido, Gabriel se sentó frente a la barra, muy cerca del gerente, y mirándolo
fijamente, le preguntó en un tono muy sereno: “Aun está vivo?”. El gerente parecía no entender de lo que le hablaba,
mientras que Gabriel continuaba: “hace días
encontré esta libreta en su cafetería…”. El gerente, un poco dudoso, lo interrumpió
abruptamente: “nunca lo había visto antes”.
Gabriel, dejando ver una ligera sonrisa, retomaba: “Me pareció muy interesante. Ver estas historias escritas con tanta pasión,
es simplemente magnifico. Y cuando fui a visitar el lugar de la última víctima,
lo que encontré me pareció una magistral pieza de arte”. Sorprendido, el
gerente tomo asiento frente a él, mientras Gabriel continuaba: “Realmente, me gustaría encontrarme con este
particular autor, para entregarle su libreta. Estoy fascinado por ver que escribirá
en su próxima historia”. Tras esta honesta manifestación de admiración, el
gerente sonriendo le preguntó: “Eres como
yo? Quieres escribir conmigo los próximos capítulos? Tengo un montón de ideas
que podríamos…”, antes que éste pudiera culminar su oración, Gabriel continuo
su elocuente discurso: “Pero… disfruto
mucho mas siendo solo un espectador. Además, hay un asunto que me tiene un poco
perturbado. Desde ayer, no logro encontrar a mi amigo, y tengo cierto interés en
el, por lo que espero que aun este vivo”. No era preocupación lo que Gabriel
sentía por su amigo, no era empatía, era algo más, y el gerente psicópata, lo entendía
perfectamente. El sabia lo importante que es para un psicópata como él tener a
alguien, sea para atormentarlo rápida, lenta o muy lentamente.
V Chocolate
“Esta en el depósito”,
dijo el gerente, “Aun está vivo. Sin mi
libreta, no tenía sentido matarlo, necesitaba escribir lo que le haría”. Repentinamente
la mirada del gerente cambio, mientras concluía: “Entenderás que si he sido descubierto, tendré que irme muy lejos”.
Gabriel lo entendía perfectamente. Más que entender sus palabras, entendía cómo
pensaba, lo que sentía. Al obtener su libreta de las frías manos de Gabriel, el
agradecido gerente con una sonrisa le pregunto: “puedo hacer algo mas por ti?”. Gabriel con total naturalidad le pidió
una última taza de ese rico chocolate caliente, antes que se fuera. Realmente,
ese era un muy buen chocolate, con un aroma tan fresco y la mezcla perfecta de amargo
y dulce, que le producía variadas sensaciones a cada sorbo y la satisfacción
que solo el chocolate caliente puede dar en un día gris. Al terminar su chocolate,
el gerente ya se había ido, así que Gabriel fue al cuarto de depósito, a
liberar a su cautivo amigo, “Ya se fue...
ya todo está bien”, afirmaba Gabriel mientras le retiraba la mordaza. Isaías
que aun no entendía por qué el gerente lo había atado y amordazado, estaba histérico
y muy enojado. El gerente nunca más fue visto en la ciudad, e Isaías, nunca
supo que éste era el dueño de la libreta, y autor de los grotescos asesinatos
descritos en ella. Gabriel parecía complacido de haber encontrado vivo a su
amigo, y también por su plácida conversación con el asesino.
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