Serie de relatos cortos basados en hechos reales, con ligeras alteraciones, sobre encuentros cercanos con asesinos seriales.
sábado, 14 de mayo de 2016
Arco IV: El destripador de Maracay
I El
Viaje
Al finalizar el primer año en la universidad, al
inicio del periodo vacacional, estaba próximo el cumpleaños de Isaías, por lo
que su amigo Gabriel quería obsequiarle algo especial. Gabriel no era una
persona muy creativa o divertida por lo que pidió consejos a una de sus
compañeras de clase más divertidas, la cual le sugirió regalarle un viaje a una
ciudad alegre y colorida, y pasar unos días alocados. Paola era una chica
divertida, segura de sí misma, y bastante amigable. En contraste con Gabriel,
quien siempre vestía de negro como si estuviera en un luto eterno, Paola
siempre vestía de forma llamativa y alegre, con una variedad de colores y
sensaciones visuales. Días más tarde, estos tres amigos emprendieron un corto
viaje de 5 horas en autobús, a la ciudad de Maracay, estado Aragua. Una ciudad
colorida y alegre, con muchos sitios recreativos y muy concurrida por viajeros
de toda Venezuela. A pesar del pequeño desvío que tomo el autobús debido al mal
estado de algunas vías, el viaje fue bastante pacífico, y las ridículas
canciones para corazones despechados fueron causa de muchas risas y ocurrentes
bromas entre estos tres amigos durante todo el viaje. La primera noche fueron
al boliche, Gabriel hizo una chuza perfecta en su primer tiro, por lo que sus
amigos no creyeron que esta era la primera vez que jugaba al boliche, aunque
ciertamente, si lo era. Seguidamente fueron a las mesas billar y tras un largo
y divertido juego, terminaron en la barra compartiendo historias y copas con
extraños viajeros que también iban de paso por la ciudad, y algunos residentes
de la misma. Isaías se veía muy contento tras esa noche tan divertida y cálida.
Paola, pareció disfrutar mucho también, aunque para ella, ésta no era muy
diferente a sus otras noches. Y Gabriel, se veía satisfecho de ver felices a
sus amigos, aunque por alguna razón lo ocultaba, y lo hacía muy bien. La
segunda noche fue un poco más emocionante, ya que fueron a la pista de Karting.
Una pista de carreras en miniatura, con pequeños autos veloces, muy popular en
la ciudad, y no era nada costosa. Tras un par de carreras, concluyeron esa
noche en una tasca muy elegante a la que iba mucha gente importante de la
ciudad. Tras conocer a algunos residentes interesantes, fugaces pensamientos de
escepticismo cruzaban por la mente de Isaías, pues le parecía extraño ver a
Gabriel abrirse tan fácilmente a otros, pero estos pensamientos eran alejados
por las divertidas bromas de Paola, y su insaciable deseo de bailar y hacerse
notar. La tercera noche fueron a una tienda de tatuajes a visitar a un viejo
amigo, que anteriormente vivía en su ciudad, compraron ropa, y terminaron
divirtiéndose con un grupo de Geeks en una sala de videojuegos toda la noche,
probando bebidas exóticas y degustando el mejor Sushi de todo el país. Gabriel
salía todas las mañanas por unas horas, mientras Isaías y Paola visitaban las
tiendas que había frente al hotel. Isaías se entretenía observando a la chica,
que con gran entusiasmo se probaba la ropa más llamativa que encontraba, hasta
que se reunían nuevamente en las tardes para prepararse para sus salidas
recreativas nocturnas. La cuarta noche, tras un día divertido en el que los
tres parecían disfrutar de una maratón de South Park en la tv, Gabriel menciono
un sitio tranquilo para hablar sobre cierto tema que quería compartir con sus
amigos, lo que parecía ser una idea agradable para todos.
II
El Imitador.
Ya en el restauran más fino de la ciudad, probando
nuevas bebidas en la terraza, Gabriel creó un poco de ambiente, contando lo que
parecía ser una de sus típicas historias:
“En 1888, había un personaje muy famoso
en las zonas bajas de Londres, pero a pesar de ser muy popular nadie conocía su
identidad o su rostro. Era una persona muy inteligente y tenía un sentido del
humor algo oscuro, pero era más conocido por su astucia y su personalidad fría. Les hablo, mis amigos,
del asesino comediante, Jack el destripador”. Paola estaba maravillada por la narración de
Gabriel y por su elocuencia, mientras que Isaías estaba algo intrigado por ver
a donde se dirigía Gabriel con este tema. Gabriel continuaba: “Durante décadas, algunos han intentado
imitar su distintiva forma de matar y su humor retorcido. Uno de estos
imitadores, llevo a cabo sus actos aquí en esta ciudad, hace algunos años, y se
encontraron cinco víctimas que presentaban profundas heridas en el cuello y el
distintivo corte de la zona abdominal, derramando así las viseras de las
victimas a sus pies. Imaginen mi sorpresa cuando vi que este modus operandi
comenzó a aparecer nuevamente aquí hace no más de un mes”. Paola pensaba
que todo esto era parte de algún juego que Gabriel había planeado para el
entretenimiento de todos, por lo que estaba realmente interesada en la
historia. Isaías se estaba incomodando pues comenzaba a pensar que todo este
viaje no era para otra cosa más que para satisfacer los deseos de Gabriel por
toparse con otro asesino. Gabriel finalizó su discurso con un brindis, y un
compromiso bastante inesperado: “y esta
noche, amigos míos, atraparemos a este imitador”. Isaías no comprendía las
intenciones de Gabriel con todo este tema, simplemente decidió seguirle el
juego para no hacer el ambiente más incomodo. Paola muy animada por lo que
parecía ser un elaborado juego de Gabriel pidió que le explicara en qué
consistía el juego. Gabriel explico brevemente: “Semanas atrás comencé esta investigación, en la que salió a relucir la
existencia de este imitador aquí en Maracay, y desde que llegamos aquí no he
dejado de investigar. En las mañanas salgo a rondar algunos sitios donde se
llevaron a cabo los crímenes de este imitador, y más aun en las noches, pregunte
a algunos de nuestros nuevos amigos, sobre estos rumores que giraban en torno a
este peculiar asesino. Según la información que he recabado, él asiste a
reuniones casuales de grupos de personas de las más altas esferas de la ciudad,
selecciona cuidadosamente a su víctima, y la asesina de la misma manera
distintiva. Hemos sido afortunados pues esta noche, en la sala fiestas bajo
este magnífico restaurante, se lleva a cabo una de estas reuniones, por lo que
es evidente que nuestro asesino, estará aquí”. Gabriel tenía en su rostro
una expresión de alegría poco común en él, por lo que Isaías percibía que esto
se pondría realmente peligroso en un par de horas. Paola por su parte estaba
muy animada por dar inicio a este juego. Isaías dijo a su amigo en voz baja: “sea lo que sea que estés tramando, por favor
no perjudiques a Paola ni a mí”, a lo que Gabriel contesto con una alegre
sonrisa: “Gracias por no hacer un drama
esta vez”.
III
el Juego
Escaleras abajo, en el salón de fiestas, personas
muy selectas de la región, compartían y se divertían como en toda fiesta.
Rostros muy variados con vestimentas elegantes y habla elocuente, abundaba en
la sala. Los temas de conversación giraban en torno a la situación política del
país, los negocios, el estado decadente de la sociedad, y algunos pocos pasados
de tragos hablaban sobre religión, mientras que otros contemplaban la variedad
de personas que daba color a la fiesta. El comienzo del juego era sencillo,
tras un proceso de observación combinada con un poco de ingeniería social,
debían determinar un sospechoso de ser el asesino. Gabriel se dirigió a la
barra a probar las bebidas menos comunes que pudo encontrar. Isaías se dirigió
a un grupo de aspecto intelectual a intentar socializar un poco, mientras que
Paola, un poco más enérgica, comenzó a bailar con algún que otro desconocido. En
ocasiones Paola e Isaías se encontraban en la pista de baile para compartir y
comparar información, mientras que Gabriel, simplemente observaba a todos los
presentes desde la barra. “Bonita fiesta!
Se te perdió alguien?”, le pregunto un extraño a Gabriel, quien amigable replicó:
“Nah, solo miro a mis amigos bailar”.
Tras unos minutos Gabriel le explica a este nuevo conocido, llamado Rafael,
acerca de este juego que planteó a sus amigos, lo que le pareció muy divertido
a Rafael, y expreso su deseo por participar. Tras separarse por unos momentos
Gabriel le envió un mensaje a Isaías diciéndole que fuera a la terraza y se
esconda allí con Paola hasta que el llegue, pues llevaría al asesino consigo. Pensando
aun que todo era parte de un juego Paola fue primero, deseando ver de qué
manera Gabriel concluiría semejante acto que había montado. Isaías comenzó a
preocuparse, no solo porque esto indicaba que Gabriel ya había encontrado el
asesino, sino porque de alguna forma, pensaba confrontarlo en la terraza. Para Isaías,
esta sería la hazaña más arriesgada que habría hecho Gabriel hasta ese momento,
por lo que asustado, fue a tomar un cuchillo de la cocina, lo oculto en la
media de su zapato izquierdo, y seguidamente fue a la terraza a encontrarse con
Paola. Al cabo de una hora la silueta de Gabriel y otra persona subían por las
escaleras a la terraza, se sentaron en una de las mesas y conversaron
brevemente lo que parecían ser trivialidades: “me sorprendió mucho que dudaras de mí, no pensé que alguien pudiera
descubrirme y menos un viajero”. Gabriel con rostro de agrado replico: “Realmente tenía mucho interés en conocerte,
y ahora que estamos solos aquí, quería preguntarte algunas cosas, digamos que
soy un fan, para empezar”. Entre risas, Gabriel continuaba: “Por qué lo haces? Que te motiva a matar? Y
más aun, de esa forma?”. Le respuesta de la otra persona en la mesa, dejo
perplejo a Isaías: “desde pequeño siempre
he tenido estos impulsos, estos deseos. Cuando era niño comencé a matar a algunos
animales, y cuando mate a la primera persona, me sentí extasiado, robarle la
vida a otra persona me deja una sensación incomparable, solo sueño con matar
otra vez, y esta gente definitivamente se lo merece”. Isaías estaba
asustado oculto tras unas masetas, junto a Paola, quien miraba con encanto la
escena sobre la mesa. El clima cambio repentinamente Cuando el acompañante de
Gabriel, dijo seriamente: “pero ahora lo
sabes y no puedo dejarte ir. Me temo que tendré que matarte aquí y ahora”.
IV
Asesino
Gabriel bastante relajado y con su sonrisa gentil,
intento calmarlo argumentando: “no debes
preocuparte por mí, no soy una amenaza para ti, como dije, soy un fan”. Repentinamente
el asesino tiro la mesa a un lado y se abalanzó sobre Gabriel intentando estrangularlo
con sus manos. Paola se altero al ver esta horrorosa escena pero antes de poder
gritar, Isaías le tapo la boca para no ser descubiertos por el asesino,
mientras recordaba que Gabriel había mencionado que años atrás practico
brevemente Tae Kwon Do. Gabriel inmediatamente le dio un rodillazo al asesino
por un costado para quitárselo de encima, y cuando ambos se pusieron de pie, el
asesino saco un cuchillo que guardaba bajo la camisa. Gabriel intentando
dialogar: “ese es el que usas para
desgarrar el vientre de tus victimas? Es menos sutil de lo que esperaba”. El
asesino irritado por la actitud de Gabriel, comenzó a atacarlo ferozmente con
el cuchillo. Gabriel estaba desarmado y no se arriesgaba a atacarlo, solo
evadía. Sorprendentemente tenía muy buenos reflejos. Inesperadamente Paola
logro salir de su escondite, y aterrada por lo que sucedía grito para animar a
su amigo, en lo que parecía ser una pelea coreografiada. Gabriel desvió la
mirada hacia Paola y en ese momento recibió una fuerte embestida de su atacante
dejándolo tendido en el piso. En ese instante el asesino salto sobre Gabriel
con el cuchillo intentando perforar su cuello, pero éste lo detuvo muy cerca, y
tras un duro forcejeo, la brisa de la noche hacía bailar a las lámparas de la
terraza dejando ver el rostro del atacante. Se trataba de Rafael, el joven que hablaba
con Gabriel junto a la barra. Y sin mediar palabras, intentaba clavarle un
cuchillo de 30 cm en la garganta a Gabriel lo que parecía ser muy confuso para
Paola. Isaías se armo de valor para defender a su amigo de su atacante pero
Paola asustada lo detuvo. La hoja se acercaba cada vez más al cuello de Gabriel
quien no apartaba la vista de los ojos del asesino. En ese momento Gabriel
quedo perplejo ante lo que aconteció, dejo ver una mirada de sorpresa que nunca
antes había mostrado hasta ahora, y sus fuerzas se desvanecieron casi
inmediatamente. La sangre chorreaba por el rostro sorprendido de Gabriel quien
no parpadeaba ante lo que tenía en frente. Una larga hoja ensangrentada
empuñada por su amigo atravesaba la garganta de su asesino. Paola se desmayo
inmediatamente por la impresión e Isaías parecía estar en shock, y no se movía
en absoluto. Rafael ya había muerto y yacía tendido sobre un charco de sangre, a
un lado de Gabriel, quien comenzó a reír casi eufóricamente por lo que había pasado,
como si se tratase del mejor chiste que había oído jamás.
V Recortes
Al despertar, Paola estaba en su cama pensando que
todo había sido un sueño. Gabriel seguía viendo la maratón de South Park en la
tv, comiendo una bolsa maníes salados, como si nada hubiera pasado, mientras
que Isaías, secretamente conmocionado, lloraba en silencio bajo la ducha
tratando de procesar lo que había hecho. La sangre no se quitaba de sus manos,
y la sensación del cuchillo atravesando el cuello del asesino permanecía en él como
si aun estuviera empuñándolo. La quinta noche había llegado y después de una
cena tranquila decidieron dormir temprano para salir a primera hora de la
mañana de vuelta a su ciudad. Despidiendo la hermosa ciudad de Maracay en la
cual pasaron noches divertidas, agradables y emocionantes, Paola se veía muy
contenta a pesar de ese raro sueño que creyó haber tenido, Gabriel se mostraba
indiferente como usualmente hacia, aunque su rostro se veía ligeramente
decepcionado, e Isaías, mas callado de lo usual, aun trataba de entender todo
lo que había pasado la noche anterior. Sin duda alguna, este había sido un
cumpleaños inolvidable. Por una parte salvo a su amigo, por lo que debería estar
feliz, pero por otra había asesinado a alguien con sus propias manos, había entrado
al mundo de los asesinos, estaba aterrado, las divertidas noches que pasaron se
volvieron recuerdos vacios para él, solo pensaba en la forma grotesca en que se
retorcía Rafael mientras se ahogaba en su propia sangre. Pero lo que más le
costaba entender en ese momento era el hecho de que no estaba asustado o
preocupado, no se sentía culpable. De vuelta a su ciudad, y aun de vacaciones, Isaías
fue de visita a la casa de Gabriel, cuyos padres estaban de viaje como siempre,
y conversaron un poco sobre lo sucedido. Isaías estaba afectado por haber
matado a alguien, a pesar que ese era un asesino, sin embargo, no se sentía responsable,
lo que despertaba cierta curiosidad en Gabriel sobre su amigo. Al entrar por
primera vez al cuarto de Gabriel no pudo evitar notar que las paredes estaban repletas
de recortes de periódicos, listas impresas, fotos, nombres y flechas grabadas
en la pared. En una de las listas que tenía varios ítems tachados, alcanzo a
leer: “El enterrador, Reina de los
suicidas, Coleccionista de cicatrices, el Tajador, Jack, el Caníbal…”, y
otros más. Isaías al ver todo eso pensó que su amigo estaba llevando a cabo una
gran investigación, pero por algún motivo ésta era diferente a las otras, ésta parecía
algo más personal para Gabriel. Tal vez sea la razón de su obsesión por
encontrar asesinos, tal vez había algo más que solo curiosidad motivándolo,
pero en esta ocasión no se atrevió a preguntarle sobre eso.
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